VIII

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Por otra parte, había tenido un problema terrible cuando la encontraron en el techo de la cocina del colegio. La banda de Dudley lo perseguía como de costumbre, cuando para sorpresa tanto de Harriet como de los demás se encontró sentada en la chimenea. Los Dursley recibieron una carta amenazante de la directora del colegio, diciéndoles que Harriet andaba trepando por los techos del colegio. Sin embargo, lo único que trataba de hacer (como le gritó a tío Vernon a través de la Puerta cerrada del armario) ir a saltar detrás de los grandes tachos que estaban afuera de la puerta de la cocina. Harriet suponía que el viento la había levantado en medio de su Salto.

—Enserió creíste que fue el viento — dijo Ron Weasley mientra reía.

—Dale, seguí riéndote — Ron se quedó callado por la mirada que le mando Harriet.

Pero ese día, nada iba a salir mal punto incluso era mejor estar con Dudley y Piers y pasar el día en algún lugar que no fuera del colegio, su armario o el living con color a repollo de la señora Figg.

Mientras conducía, tío Vernon se quejaba con tía Petunia. Le gustaba quejarse por distintas cosas: compañeros de trabajo, Harriet, el ayuntamiento, Harriet, el Banco y Harriet; ésos eran algunos de sus temas favoritos. Esa mañana eran los motociclistas.

—... haciendo ruido como unos locos, esos jóvenes rufiantes —dijo, mientras una moto los pasaba.

—Ay no... — dijo Harriet

—¿Qué ocurre, hermosa? —preguntó Cedric.

—Ya vas a ver, Ced —le dijo sonriendo

—Tuve un sueño sobre una motocicleta — dijo Harriet de pronto—. Estaba volando.

Hermana tu quieres morir— le dijo Ron sonriendo mientras negaba con la cabeza.

—Cierra la boca Ron. — mientras lo miraba con ganas de matarlo.

Tio Vernon casi choca contra el coche de adelante. Se dio vuelta en su asiento y grito a Harriet, su rostro como una gigantesca remolacha con bigotes.

—¡LAS MOTOCICLETAS NO VUELAN!

Dudley y Piers se rieron disimuladamente.

—Ya se que no vuelan —dijo Harriet—. Fue solo un sueño.

Pero deseo no haber dicho nada. Si había algo que los Dursley odiaban más que sus preguntas, era que hablara de cualquier cosa que actuar en forma indebida, Más allá de que fuera un sueño o un dibujo animado. Parecían pensar que podía llegar a tener ideas peligrosas.

Era un sábado muy soleado y el zoológico estaba repleto de familias. Los Dursley compraron unos grandes helados de chocolate para Dudley y Piers en la entrada y luego, Como las sonriente señora del puesto le preguntó a Harriet qué quería, antes de que pudieran alejarse, le compraron un palito de helado de limón, que era más barato. Eso tampoco era malo, pensó Harriet, chupándolo mientras observaban a un gorila que se rascaba la cabeza y se parecía notablemente a Dudley, salvo que no era rubio.

Harriet pasó la mejor mañana que había tenido en mucho tiempo. Tuvo cuidado de caminar un poco alejado de los Dursley, para que Dudley y Piers, que comenzaban a aburrirse de los animales durante la hora del almuerzo No empezarán con su deporte favorito: pegarle a él. Almorzaron en el restaurante del zoológico y cuando Dudley tuvo una rabieta porque su sándwich no era lo bastante grande, tío Vernon le compró otro y a Harriet le dieron permiso para terminarse el primero.

Mas tarde, Harriet se dio cuenta de que debió haber sabido que era demasiado bueno como para que durara mucho tiempo.

Después del almuerzo fueron a la casa de los reptiles. Estaba oscuro y hacía frio; había vidrieras iluminadas a lo largo de las paredes. Detrás de los vidrios, toda clase de víboras y lagartos colgaban h se deslizaban por las piedras y los troncos. Dudley y Piers querían ver las enormes cobras venenosas y pitones gruesas que estrujaban a los hombres. Dudley encontró rápidamente la serpiente más grande del lugar. Podría haber envuelto el coche del tío Vernon y haberlo aplastado como una lata, pero en ese momento no parecía tener ganas. De hecho, estaba profundamente dormida.

Harriet PotterDonde viven las historias. Descúbrelo ahora