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Enzo

El partido estaba a punto de terminar, se tuvo que definir por penales después de que nos empataran un 2-0 convirtiéndolo en un 2-2

Estoy nervioso, es la primera vez que pateo un penal en el mundial, no quiero cagarla, es algo importante y aparte hay millones de personas viéndome, si lo hago mal me lo van a recordar por toda mí vida.

La presión de la tribuna se sentía, pero la que yo me estaba poniendo era más fuerte, era como si billones de personas dentro mío me estuvieran gritando cosas para distraerme y patear mal.

Para ser sinceros no me siento preparado, pero yo creo que uno nunca está preparado para nada así que puse mí mejor cara y puse los pies frente a la pelota para patear cuando el árbitro me indicara.

Patee y cerré los ojos sin querer ver el resultado, pero fue inútil, segundos después de patear escuché como las personas puteaban o gritaban. Los argentinos con decepción, los demás, con alegría de que yo haya pateado y que esa pelota termine fuera del arco.
Y eso era lo peor, que ni siquiera puedo decir que me atajaron el penal, porque fue mí culpa, fue culpa mía que la pelota de vaya afuera sin la necesidad de que el arquero la toque.
  
Soy un fracaso

Volví al lado de mis compañeros con la cabeza baja, mirando al piso con la mirada pérdida y la cabeza pensando en nada, sintiendo la mirada de personas que probablemente en este momento me está puteando por haberlos defraudado.

Pero mucho más allá de esas personas que me miraban de una cierta manera, con decepción, nervios entre otras cosas, sabía que en algún lugar del palco estaba ella mirándome.
Sabía que la había decepcionado, que seguramente se esté avergonzado de llevar en estos momentos la camiseta con el número 24 en la espalda ¿Quien no se avergüenza de eso ahora?

Por suerte mí compañero Lautaro Martínez hizo lo contrario a mí y nos fuimos con una nueva victoria para los argentinos y una nueva mala jugada mía, ya hasta podría hacer un libro de tantas que tengo.

Los chicos se fueron como siempre al vestuario para festejar, yo no tenía ganas, no me sentía ganador de ese partido como para ir a festejar con ellos ¿Que voy a festejar? ¿Que patee un penal para el orto? No gracias.

Mientras me iba la vi, parecía que hablaba con los periodistas pero de una forma apurada, como si ella no quisiera estar ahí, seguramente quería ir con los chicos a festejar.

"¿Que va a pensar mí familia?"
Esa pregunta no dejaba de darme vueltas en la cabeza, saber que ellos me vieron errar un penal, la cosa más fácil del mundo me destrozaba. Ellos se quedaron en Argentina, y eso era peor, no tener un abrazo de mis hermanos o de mí mamá me estaba matando, solo eran llamadas que la mayoría de veces no podía atender por estar entrenando.
Y mí papá... Mi papá es a la persona que le agradezco todo. Aunque nuestra relación nunca fue la mejor, fue el tipo que me enseñó a jugar al fútbol en las calles de tierra, el que me llevaba al club y el que hizo que hoy en día esté pisando los estadios de Qatar, y aunque no lo puedo ver, se que detrás de una pantalla hay un padre decepcionado, dolido de ver a su hijo haciendo mal lo que él le enseñó a hacer durante años.

- Perdón papá- dije eso mirando el cielo, con la esperanza de que ese mensaje llegue a Argentina. Extrañaba mucho a mí familia, me hacía mucha falta en estos momentos hablar con ellos, pero no los pienso llamar después de la pelotudez que hice.

Cómo siempre camino lento, al llegar ya estaban los chicos en el lobby del hotel, algunos saltando, otros con botellas en la mano, abrazándose y pelotudeando entre si.

Te Esperaré  (Enzo Fernández)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora