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N/ ᴏᴍɴɪsᴄɪᴇɴᴛ. -
Semanas pasaron desde la boda de los soberanos del infierno, y ya se corría la noticia de la espera de un bebé, aunque eso no era lo que estaba molestando a los demás demonios de altos rangos.
Últimamente habían desaparecido grandes soberanos, cada uno más influyente que otro, aquello preocupaba a los demás politicos, solicitando reuniones con los Overlords más poderosos de aquellos tiempos.
─ ¡No es posible tantas desapariciones! ¡Esto ya debería haber llegado a oídos del Rey y la Reina! -uno de los soberanos reclamaba- ¡Es imposible que no se hayan enterado ya! ¡Ustedes como los Overlords más fuertes tienen que buscar al imbécil que está haciendo esta mierda! ¡YA!
─ Debería calmarse ¡Ahora! Gritar no los ayudará en nada-
Sakura fué interrumpida por una estática que parecía venir desde lo alto de una torre.
─ ¿Que mierda..? -Husk pronunció al escuchar aquella interferencia de radio-
Gritos y más Gritos se escuchaban desde aquella torre con interferencias, parecía estar viniendo de una radio, abruptamente los gritos cesaron, ahora escuchando una risa maquiavélica y masculina desde el mismo lugar.
Aquella reunión que había terminado dejó pensativa a cierta pelirosada, mientras que en las calles se habían esparcido rumores, ahora, llamando al ser que transmitía gritos desgarradores como:“El demonio de la Radio”
Aquel nombre era bastante flojo, pero ahora los habitantes del infierno lo llamaban así, y aquel demonio lo había aceptado.
Pero la preocupación de los soberanos con poder económico no cesó, ya que aquel demonio hacía que sus acciones cayeran, debido a las desapariciones de negociadores.
La preocupación de estos se convirtió en fatiga para los Overlords, hasta que “El demonio de la radio” se hizo presente ante ellos.