¿Problemas? Como si eso sucediera

1K 100 88
                                        

Era tarde en la noche, y Fuutarou se encontraba en la sala de su hogar viendo la TV, pero a diferencia de otras ocasiones, estaba totalmente solo. Sus esposas estaban furiosas con él por el accidente que tuvo Hiroko, ¡y ahora le estaban haciendo la vida imposible! ¿Quién iba a decir que ser un esposo de quintillizas sería tan agotador?

Quizás estaban furiosas porque, en parte, fue culpa suya que Hiroko se lastimara. Pero, vamos, ¡fue solo un accidente! Aunque claro, tratar de convencer a las cinco de eso era como tratar de enseñarle matemáticas a un gato.

Aunque de por sí, esas idiotas estaban sacando provecho de la situación para obtener algo que quieren.

— ¿Vas a quedarte ahí toda la noche? — La pequeña Rena preguntó, interrumpiendo los pensamientos de su padre  mientras venía por algo de agua. — Si quieres, puedes dormir en nuestra habitación —

— Creo que Hiroko me odia — Fuutarou respondió, con un gesto triste. — Prefiero darle su espacio —

— Vamos, ninguna te odiaría jamás — Rena insistió, con toda la inocencia del mundo.

— Eso mismo pensaba de tus madres, ¡pero ahora ni siquiera me permiten cenar con ustedes! —
Fuutarou se lamentó, dramatizando su situación.

— Pero papá, ellas simplemente se portan así porque no haces lo que te pidieron ¿Por qué no lo haces y ya? —
Rena intentó razonar.

— ¿Qué opinarías de tener otras hermanas o hermanos? —
Fuutarou preguntó, con una mirada sombría.

— ¿Eh? Bueno, no lo sé... Siempre hemos sido mis hermanas y yo —
Rena titubeó.

— Ahí está tu respuesta — Fuutarou suspiró. — Pero ya, me siento molesto. Me considero un buen esposo y un buen padre, ¡y lo único que recibo como recompensa es que me dejen sin cena ni cama! —

— No entiendo, pero para mí eres el mejor papá del mundo  —
Rena dijo, tratando de consolarlo.

— Y me esfuerzo por ser un buen esposo, pero si no les cumplo el capricho, no son felices. Dime Rena, ¿qué pretenden que haga para que sean felices? Bueno, aparte de lo otro —
Fuutarou se quejó, haciendo un gesto exasperado.

— ¿Es tan difícil hacer un bebé? Que yo sepa, lo trae la cigüeña —
Rena sugirió inocentemente.

— ¡Si tan solo fuera tan fácil! Pero no quiero sobrecargar a la cigüeña con otros cinco bebés —
Fuutarou exclamó, evitando seguir con ese tema por el bien de la inocencia de Rena.

— ¿Y si dejas de tratarlas bien? —
Rena sugirió, con una expresión pensativa.

— ¿Qué? —
Fuutarou se sorprendió.

— Bueno, siempre buscabas que te mimaran o viceversa... Supongo que si te portas un poco frío y distante, ellas recapacitarán y se darán cuenta de lo maravilloso que eres —
Rena propuso, con toda la sabiduría de una niña de su edad.

— Hija... Si no fuera por ti o tus hermanas, mi vida habría acabado hace años — Fuutarou sonrió con ternura. — Y si, a ver si así empiezan a valorarme... Es hora de entrar en modo guerra —

— Además, Hiroko te perdonará —
Rena lo abrazó.

— ¿Eso crees? —
Fuutarou se sintió un poco más reconfortado.

(...)

Han pasado varios días desde aquel instante, y Fuutarou había estado durmiendo en el sofá  y comiendo afuera por varios días, ¡lo cual no era precisamente su idea de una vida de esposo feliz! Y para colmo, las quintillizas parecían haberse unido en una especie de conspiración para hacerle la vida imposible.

Fuutarou... ¡Haste responsable de tus hijos 3!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora