CAPÍTULO 2

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"¿Les ha pasado que se extrañan a ustedes mismos?
¿Tipo ver una foto y querer ser la misma persona que eran en ese momento?"
— Anónimo

Es curioso...
Pero muy cierto, ¿Quién eres o quién fuiste?, ¿Te lo haz preguntado? El tiempo pasa de una manera impresionante y con ello una vida que se va como el viento, en donde a veces trae una tormenta y otras veces hay una gran tempestad.

En la vida de Diego Fuentes fue un sueño o una cruda realidad para aquel que lo conoció. Esta vez no será de mí, será de él.

》Cuando te das cuenta que creciste es cuando te duele aquí...
En el corazón.《

Eso solía decir.

Su mirada era tan penetrante y de un tono oscuro como el carbón y con una pizca de adoración como si puedieras ver las constelaciones en el, de tez pálida y con una mandíbula pronunciada. Amaba cuando su cabello oscuro se revolvía de manera ondulada.

Su vida era perfecta o eso intentaba creer.

—Espero caerle bien. ¿Y si me odia?— algo aterrorizada me imagine mil cosas al mo caerle bien.

El lo sabía y no le importó. Aún así me llevo aquel hogar que a simple vista se caía a pedazos, no realmente era un decir; ese lugar tenía tonos oscuros muy decaído y aspecto melancólico.

—Solo entra— menciono abriéndome paso.

Al entrar al lugar vi varios cuadros, uno de ellos era borroso y manchado de pinturas grises y opacas. Espere mientras camine a una pequeña mesa de estar que se encontraba en una de las esquinas junto a una ventana con cortinas de rosas verdes y que apenas lograba colarse el sol.

—¡No toques nada!— Su mirada retadora color miel oscuro cruzó con la mía. Desafiandome.

—¡Madre!— una voz firme y áspera rompió el silencio. —Déjame presentarte a mi futura esposa...—Pronunció con calma guardando un momento de silencio para luego volver a tomar la iniciativa. —Ella es Sakura Díaz, mi amiga. La eh traído por que a partir de este momento será bienvenida aquí.— Finalizó con una sonrisa.

La mujer al igual que yo quedamos impactadas con tal declaración, me limite a saludarla como se merece: con respeto.
La señora Anna era una mujer refinada de tez pálida y con una seriedad sin igual. Solía llevar consigo una sombrilla de acuerdo a su vestimenta; hoy lucia un grandioso vestido vino que le llegaba a los tobillos junto a uno tacones de aguja.

—Acompañame al estudio— se limitó hablar para dirigirse a la primera puerta de mi izquierda.

—Tu madre me odia— confesé titubeante al acercarme a el.

—Sube, última puerta a la derecha.— Menciono a la vez que negaba sin apartarme la mirada. —Es la de la puerta tallada con mi nombre, es fácil de identificar. No tardaré.—

Mire a los lados al llegar a un pasillo con muy poca luz, sin duda alguna este lugar estaba muerto. Pase tres puertas de madera de un color carmesí vivo e intenso en ambos lados de las paredes las últimas dos eran diferentes: eran blancas.

Me llamo la atención las talladuras que la puerta mostraba, tenía  la palabra escrita "DIEGO" de una forma un poco siniestra. Parecía como si alguien lo hubiese escrito al revés diciendo "OGEID". La otra puerta tenía tallada un ave de una forma majestuosa.

Al espera pude oír toda su conversación,  no era ni pequeña, ni muy grande su hogar. Quizás por las delgadas paredes y podía oír perfectamente cada una de sus palabras por ejemplo:

PRIMERO YO (La versión de Sakura) [En Curso/actualizando]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora