CAPÍTULO 7

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—¿Por qué esas miradas?— pregunte en el momento en que volví a tomar asiento.

—Nada en particular, de hecho le decía a mi querido amigo: Diego, que para nuestra próxima cita podría ser en la feria.— dijo con determinación el castaño. —Además ya es dentro de algunos días.—

¿Enserio lo dijo?

—Enserio, ¡Suena bien!— exclame algo contenta, dirigí mi mirada a la de Diego. —¿Al final si irás?—

—Supongo que debería pasar tiempo con Rose.— murmuró poniendo los ojos en blanco, informando que no le quedaba de otra.

—Rose...— hizo una pausa yair para darle un sorbo a su bebida. —estuvo deprimida por varias semanas debido a tu ausencia.—

—¿Mi ausencia, dices?— cuestiono frunciendo el ceño.

—Así es.—

—Me he enterado de que se la ha pasado de maravilla con un hijo de pu...— se calló al instante al verme.

—Si quieres decirlo, dilo. Yo no te diré nada.— dije tomando las galletas de él. Sonreí al percibir el olor a canela sobre estas. —Solo recuerda donde estamos. —Finalice llevando una galleta a mi boca.

—Tu y él, ¿Son amantes?— soltó de prisa Yair haciendo que me atragante.

—Joder, si así fuera ¿Qué?—

—Eso explicaría muchas cosas.— decía el chico con una sonrisa provocativa.

Me quede en silencio escuchando todas y cada una de las palabras que ellos decían, me quede helada con las insinuaciones, quizás Diego tenía razón.

Las personas cambian.

—Yo le he sido fiel a Rose, y no te permitiré que insinues eso de Sak.— dijo apretando el puño marcando las venas de su brazo que cubría su suéter.

—Te conozco Diego. Tú haces esto por que quieres algo y sabes perfectamente que no  puedes, es un juego que no vas a ganar.—

—A diferencia de ti, soy mejor que tú.— esbozo una sonrisa de satisfacción, mostrando confianza.

—No eres más que un niño caprichoso querido Ogeid.— sonrió ligeramente el castaño tomando una de las galletas. —Sabes perfectamente que si quieres puedes tener unas cuantas aventuras a espaldas de Rose.—

—Quién ha dicho que quiero eso. Y si así fuera no le veo el problema, ¿En qué te afecta Yair?— respondió secamente Diego.

—En nada, simplemente estoy tratando de guiarte. Ogeid, honestamente has cambiado.— frunció el ceño algo decepcionado.

—Deja de llamarme así Yair.—

—Este... ¿Por qué lo llamas así?— pregunte desconcertada y algo incomoda por ser la única sin decir ni una sola palabra.

—Veo que no te ha contado.— Sonrió ligeramente al mirar a Diego de reojo, notaba su molestia. —Ogeid, ese nombre se lo ha ganado por ser peor qué Rose. Son el uno para el otro. Siempre haciendo cosas a espaldas de otros.—

—No logro entender.— murnure mientra mire a ambos.

—No lo escuches, sol quiere decir cualquier estupidez.— habló secamente Diego.

—Sabías que Diego era un chico muy violento y que lo sacaron de su antigua escuela por casi matar a un chico que le sonrió a Rose.—

Mire a Diego pero él evadio mi mirada. ¿Era cierto?

—No sólo eso,  Diego apostaba no solo dinero si no que también la virginidad de varias chicas.— hablo aún con aquella sonrisa de satisfacción el castaño. —Diego, mi querido Ogeid.— él suspiro y continúo diciendo. —Quién sabe y quizás esta vez quiera apostarte a ti. O mejor meterse entre tus piernas y ser él quien te robe ese momento y te haga su pu....— en ese momento Diego lo calló con un golpe, rompiéndole el labio.

PRIMERO YO (La versión de Sakura) [En Curso/actualizando]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora