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Vincent había apareció delante de ellos, con dos cuchillas en sus manos. Olivia sabía perfectamente que él había matado a su hermano, la ira corrio por su cuerpo tal y como lo hace la sangre.
Tenía muchas ganas de matarlo, hacerle sentir lo que su hermano había sentido, estaba segura que Dalton había tenido miedo, dolor y tristeza.
Dalton no merecía morir.
Ninguno de sus amigos merecía lo que vivieron en este lugar, ni ellos ni nadie que haya pisado este. No iba a permitirse acabar como esas personas, no se iba a permitir que Bo se salga con la silla.
Sujeto con fuerza el bate de béisbol cuando vio que Nick le lanzó con unas de las mesas de metal que tenía, pero al darle la espalda recibió un corte. Olivia se acercó y con fuerza lo golpeó con su bate.
Para su sorpresa Vincent no la atacó, la aparte a un lado y ella aprovecho eso para volver a atacarlo, mientras trataba de defender a su novio pero por lo visto el artista había perdido la paciencia con ella y enterró uno de sus cuchillos en el hombro de la pelinegra.
—¡Liv!— grito Nick.
El interior de su boca comenzó a saber metálico, Vincent la empujó a un costado y cayó de espalda. Tocó la herida de su hombro en la cual brotaba un montón aquel líquido color carmesí.
Nick empujó a Vicent lejos de Olivia, en en el trayecto chocaron con Carly y esta cayó sobre una palanca la cual encendió aún más la llama con la que derretían la cera.
La pelinegra estuvo aturdida un poco, mientras observaba como su novio empujaba lejos a Vicent para acercarse a ella rápidamente.
—¡Mierda!— gruño al ver la herida.— ¡Vamos, Liv!— la tomo con delicadeza.— hay que salir de aquí. ¡Muévete, Carly!— le grito a su hermana.
La castaña se puso de pie, tomó con delicadeza a Olivia cuando Nick se la dio para enfrentarse nuevamente a Vincent. Las chicas observaron lo que hacía el rubio, el volcó el contenido de unas de las ollas al suelo creando una barrera de fuego que dividía a ellos tres de Vincent.
—¡Nick!— llamo Liv.— Vamos.
—Si.— dijo acercándose.— Necesito que te muevas rápido, amor.— pidió mientras veía su herida.— ¿Puedes hacerlo, bonita?
—Eso creo.— murmuró ella.
—Bien, andando.
Los tres comenzaron a correr y a subir unas escaleras, Carly se llevó puesto un muro y en cuanto se quisieron dar cuenta ya se encontraban en la cocina de la casa de cera.