Olí mi antebrazo; esa pizca de miedo a ser descubierto no me dejaba tomar mi viaje en bus.
Los carros en la ventanilla se alejaban formando un manchón borroso, pero aun así eso no me distraía. Sentí mi olor sin vida, señal buena.
Me forzaba a no sudar en frío a pesar de saberlo, no era mi primera vez fingiendo lo que no era.
Observé vagamente mi alrededor; la gente estaba apacible, murmurando por lo bajo, arrullando el oído, sin embargo, mis nervios me obligaban a pensar que hablaban de mí diciendo esa verdad: soy un omega fingiendo ser beta el que siempre debo ser.
Apreté mis labios y justo una vibración en mi bolsa alejó ese mar de pensamientos. Al ver mi teléfono, ese breve nerviosismo atrajo uno nuevo; era de ese canal que había decidido seguir desde que me enteré de este trabajo, MFC.
Saqué mis auriculares para ver de qué se trataba. El título del video era. "Joo Jaekyoung vs Charles Oliveira 1".
Pinché el video curioso, me puse mis auriculares y adelanté el video para llegar a la parte interesante. De repente, un escalofrío recorrió mi espalda. Casi quité el video de inmediato.
Lo primero que había visto era cómo Joo Jaekyoung tenía a su oponente en el suelo, sin piedad, moliéndolo a golpes. Lo que podía observar explícitamente; no eran gotas de sudor, eran de sangre; en el templete se veía una mezcla visible de saliva y sangre. Casi presencié cómo el contrincante rubio, que apenas podía moverse, iba al cielo y regresaba a la tierra en segundos.
El árbitro lo paró, pero realmente había ocurrido tan rápido que parecía lento en sus acciones. Joo Jaekyoung había acabado con él; era un ganador de nuevo, como siempre. Mientras me quitaba los auriculares, pensé que me tranquilizaría observarlo y conocerlo mejor. Erróneo. no podía dejar de pensar en la crueldad de ese combate.
El hombre que atendería era un completo salvaje en sus peleas, más que calmarme, me dejó sin palabras, fue... sorprendente.
Anteriores videos eran lo mismo.
Aunque, no debía ser raro, era un atleta después de todo, la violencia era normal en el ámbito.
Los titulares no mentían: "El más fuerte del mundo".
Y no pude evitar cierta comparación, me sentí incómodo al instante.
Cuanto más reflexionaba, más notaba las abismales diferencias entre nosotros; él era imponente y estaba destinado al éxito, mientras que yo... sabía que no podía permitirme estropearlo con él.
[...]
Frente al edificio Black, mi corazón decidió jugar conmigo. Era casi como si no pudiera enfocar correctamente y solo pudiera escuchar cuán nervioso estaba.
Tambaleé un poco al caminar, deteniéndome unos segundos. Solo era el estrés de la semana, nada más... Saqué apresuradamente una pequeña botella de ginseng antes de entrar, como si esta pequeña cosa pudiera aliviar mis malos hábitos. La bebí de un solo trago.
Y contribuyendo a la mala jugada, al mirar hacia un lado, me encontré con una gran pancarta de fondo negro.
Era mi próximo cliente, imponente y seguro de sí mismo, empuñando sus guantes. Tenía una suerte inmensa de poder trabajar con él.
Desvié mi mirada a la botella de ginseng, en silencio recordé a mi abuela, entonces me di cuenta de que no importaban mis nervios, no importaba nada...
Nada importaba excepto ella.
Debía causar una buena impresión, esa era mi meta. Era ahora o nunca; necesitaba ese trabajo desesperadamente. Obligué an mis piernas paralizadas a avanzar.No me di cuenta ni siquiera cuando empujé la puerta; el olor a sudor y detergente se mezcló en el aire.
—¿Hola? —hablé, pero la atención de todos estaba en el ring frente a mí. El sonido de los golpes en el ring resonaba en mis oídos. Los gritos ahogaron mi sonido al entrar; reconocí al increíble deportista del que todos hablaban. Mis ojos se abrieron con asombro.
—¡Suficiente, suficiente! —Estaba propinándole una paliza a su compañero de entrenamiento.
—Goye, detenlo. —El sonido sordo de los puños chocando con la carne llenaba mis oídos mientras el olor metálico de la sangre impregnaba el aire. Entre los gritos desesperados de los hombres intentando auxiliar y el pobre chico luchando por defenderse, sentí un nudo en el estómago que amenazaba con hacerme retroceder.
—¡Hyung, para! —gritaron nuevamente.
—¡Joo Jaekyoung!, ¡trata de controlarte! —Dio un nuevo puñetazo; la sangre voló y cayó sobre él; el contrincante se desplomó al suelo.
Pensé que se había rendido; aun así, un hombre lo sujetó por detrás, otro por delante, comenzó a gritarle alterado.
—¡¿Qué te sucede?! "¡Sparring libre!" ¡Solo debías alejar al chico! —Sentí la inclinación de irme, pero el aire cargado de tensión y el sonido sordo de los golpes me mantenían en mi lugar, incapaz de apartar la mirada.
—¡Alguien pudo haberse lastimado! —reclamó de nuevo.
—Ese pequeño tonto quería practicar, así que lo hice. ¿Cuál es el problema? —mis piernas temblaron instintivamente al verlo acercarse y salir entre las cuerdas del ring enfrente donde me hallaba.
Tragué saliva; no sabía cómo presentarme después de eso. Había sido cruel de ver.
Solo quería adelantar el tiempo, hacer mi trabajo e irme. Su mirada me atrapó por fin. Había destacado por mi pequeño tamaño.
No quise mostrarme asustado al instante; mi corazón de nuevo traicionó, comenzó a latir arrítmicamente.
No había estado tan ansioso desde hace tiempo. ¿En qué me había metido?
—¿Quién es ese? —instantáneamente algunos chicos giraron para verme. Caminó hacia mí con seguridad al mismo tiempo que hacía una mueca hacia a mí; me erguí instintivamente. Él era claramente más alto. Intimidante.
Estaba con los guantes puestos, manchados de sangre. Aparté la mirada, pero por accidente, mis ojos se posaron en las gotas de rojizas en su barbilla. Mis manos temblaron ligeramente y apreté con más fuerza el agarre sobre el asa de mi maletín. Intenté no apartar la mirada de él, casi como un acto de supervivencia.
Llevaba puesto mi uniforme de fisioterapeuta; no debería preocuparme mucho. Quizás simplemente no había sido notificado acerca de su sesión. Intenté tranquilizarme.
—Pensé que había dejado claro que no quiero que traigan extraños mientras entreno. —Tragué saliva mientras él quitaba sus guantes y los arrojaba al suelo, sin apartar la mirada de mí. Una sensación de peligro se apoderó de mí; ¿también me golpearía?
—¿Quién de estos payasos decidió traer a un invitado? —Sonó tan amenazante como se veía. Quería explicarle que yo venía a trabajar con él, pero justo en ese momento mis nervios me traicionaron y mi voz no salió correctamente
—O-0h, no, no es eso—balbuceé.
—No tengo el día—dijo con molestia cortándome al instante.
Al instante, se escuchó un portazo. Entró un hombre con una camisa roja, sosteniendo un teléfono en la mano.
—¡Lamento llegar tarde! —anuncio en voz alta hacia ambos. La tensión en mi estómago se distrajo.

ESTÁS LEYENDO
La tentación del diablo: Jinx
FanfictieDan se veía obligado a recurrir a la mentira para sobrevivir en un mundo que lo discrimina. Fingía ser beta para conseguir trabajos y no había tenido problemas, hasta que, después de un tiempo sin ejercer como fisioterapeuta, surgió una oportunidad...