Me acosté en el piso y vi las estrellas, observé su brillo y me enamoré de ellas.
Medité un poco en lo mucho que me gustaba la noche, el cielo, la vida. Y me asusté.
Me asusté de amarla, porque yo no tenía más ganas de seguir luchando contra la ruta llena de asfaltos destrozados en mí camino, pero así se supone que funcionaba el destino. Solo siguiendo las guías que creemos que debemos perseguir hasta encontrar algún buen porvenir. Entonces, por qué me daba más miedo vivir que morir? ¿Por qué deseaba tanto dejar de existir si a mí me encantaba acostarme un ratito a ver el cielo antes de ir a dormir? No tenía idea de dónde salía tanto anhelo por el sueño eterno, pero si en él no existen las estrellas por la noche, entonces prefiero encender el motor hoy mismo
//Frustraciondegomita//
