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Eran más de las dos de la madrugada.

La mansión estaba en silencio, sumida en una calma que contrastaba con el caos que se movía fuera de sus muros.

Jimin permanecía acostado en su cama, con la mirada perdida en el techo.

No podía dejar de pensar en Jungkook.

Durante toda su vida, la preocupación había sido su compañera constante. Se preocupaba por su hermana, por el dinero, por su dia a dia ... pero siempre encontraba la forma de seguir adelante, de aferrarse a algo bueno.

Siempre había tenido el control, Pero ahora... todo era distinto.

Esta vez no dependía de él Y eso lo aterraba.

El miedo no lo dejaba respirar tranquilo.

De pronto, el sonido de motores rompió el silencio de la noche.

Un par de camionetas acababan de llegar.

Jimin se incorporó de golpe.

Sin pensarlo, salió corriendo de la habitación, bajando las escaleras casi a toda prisa, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho.

Al llegar a la entrada... lo vio.

Jungkook.

El alfa estaba dando las últimas órdenes, serio, imponente... pero en cuanto levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los de Jimin, todo cambió.

Su expresión se suavizó.

Una sonrisa ladeada apareció en sus labios. Y abrió los brazos.

Jimin no dudó.

Corrió directo hacia él y se aferró a su torso con fuerza, escondiendo el rostro en su pecho como si ese fuera el único lugar seguro en el mundo.

—Te extrañé...

Jungkook dejó escapar una pequeña risa suave, completamente diferente a la de hacía unas horas.

—También te extrañé, mi pollito...

Lo rodeó con los brazos, acercándolo más a su cuerpo, como si no quisiera soltarlo nunca.

Luego tomó su barbilla con delicadeza y levantó su rostro, Rozó su nariz con la suya en un gesto tierno.

—Me encanta tu color de pelo.

Jimin parpadeó, un poco avergonzado.

—¿Te gusta?... No sé por qué cambió, pero... bueno, regresé al que tenías cuando me conociste.

Jungkook sonrió, mirándolo con una intensidad que hizo que Jimin se sonrojara.

—Estás precioso...

El omega bajó la mirada, sintiendo cómo el calor subía por sus mejillas, Hubo un pequeño silencio cómodo entre ellos.

—¿Y la niña? —preguntó Jungkook en voz más baja.

—Está dormida... hoy le trajeron la cuna. Está descansando ahí.

Jungkook asintió lentamente.

—Ah... ¿sí?

Se mordió el labio inferior mientras lo observaba de arriba abajo, Pero esta vez no había oscuridad en su mirada.

Solo algo más profundo lujuria

Se vieron directo a los ojos por algunos segundos para después comenzar a besarse con hambre y deseo.

Jungkook lo cargó al estilo princesa sin dejar de besarlo, caminó con cuidado con el omega aferrado a su cuello y subieron las escaleras sin prisa.

TE ENCONTRAREHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora