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El interior de la habitación es completamente de color blanco. En la izquierda de la habitación hay una camilla, y junto a ella una mesa de noche.
Llené algunos requisitos que estaban en blanco en la carpeta, y subí la mirada para verla.
Una chica de 25 años me observaba fijamente, ella portaba una bata de hospital con una M 'S en la derecha en color dorado. Ella se encuentra sentada a un lado de la camilla en el suelo con las piernas extendidas.
-Hola.
Hablé luego de unos segundos.
-¿Eres vacante, o ya trabajas aquí? -preguntó directamente.
-Vacante.
Ella pareció sorprendida, y esbozó una sonrisa dulce.
Me senté frente a Sophie, en la camilla, observando su expresión tensa. La habitación era tranquila, con luz suave que entraba por la ventana, creando un ambiente acogedor.
-Pregunta lo que quieras, solo sé rápida -dijo, con un tono un tanto defensivo. -¿Cómo te sientes? -le pregunté, intentando abrir la conversación. -No muy bien, la verdad -respondió, bajando la mirada. Entendía que abrirse no era fácil para ella, no siempre lo es. -Entiendo. Vamos a hablar sobre eso. ¿Has experimentado algún tipo de ataque últimamente? -Sí, ataques de pánico. -¿Puedes describir cómo se sienten esos ataques para ti? -inquirí, interesada en conocer más sobre su experiencia. -Es como si no pudiera respirar. Mi corazón late muy rápido, y a veces siento que me voy a desmayar. Asentí, reconociendo la angustia que reflejaba su voz. -Eso suena muy angustiante. Además de los ataques, ¿sientes ansiedad en tu vida diaria? -No, solo cuando tengo un ataque. -Bien. Es importante diferenciar entre la ansiedad generalizada y los ataques de pánico. Después de un ataque, ¿experimentas algún síntoma físico, como dolor de cabeza o fatiga? -Sí, a menudo me duele la cabeza después. Tomé nota de su respuesta, consciente de que estos detalles valían muchísimo, para poder entender la situación por la que se encuentra. -¿Cuánto tiempo llevas aquí en la clínica? -Desde ayer. -¿Y cómo te sientes en comparación con tu casa? -Me gusta más este lugar. Es más tranquilo. Sonreí al escuchar eso. Era un buen signo. -Eso es positivo. ¿Tienes contacto con tus padres? -Sí, pero no siempre es fácil. -Entiendo. Lo siento si esto es incómodo. A veces, hablar de la familia puede ser difícil. -Es parte de tu trabajo, lo entiendo -dijo, mostrando una leve sonrisa. -Tienes razón. Mi objetivo es entenderte mejor para poder ayudarte. Voy a anotar lo que hemos hablado hasta ahora. -¿Ya has terminado? -preguntó, un poco impaciente. -He recopilado la información esencial.
Ella asintió sin más.
Me levanté de la camilla, y caminé hasta abrir la puerta y, antes de salir de la habitación, volví a verla, y con muchísimas ganas de volver a verla murmuré: