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Pearl Jesper
Al despertar, la luz del sol se filtra suavemente a través de las cortinas, llenando mi habitación con un cálido resplandor, que sin importar lo que haga para invadir los recuerdos, me traslada a ése tiempo, en el que cada despertar era un tormento, lo que justo ahora, para mí se siente tan maravilloso. Porque esa versión de mí, tenía sin saber, algo más que a ella misma. A diferencia de ahora.
Aún medio dormida, giré mi cabeza hacía el teléfono que vibraba en la mesita de noche. Al mirar la pantalla, mi corazón dio un salto.
«Notificación: ¡Felicidades! Has sido aceptada en Menf'Scott»
Un torrente de emociones me envolvió. La incredulidad se apoderó de mí por un instante; no podía creer que finalmente había llegado este momento. La ansiedad de los años anteriores, las dudas, todo se desvaneció en un instante. Una sonrisa amplia y genuina se dibujó en mi rostro.
Sentí una mezcla de alegría y alivio, como si un peso enorme se levantara de mis hombros. Mis pensamientos comenzaron a girar: las nuevas oportunidades, los pacientes, los nuevos colegas. Una risa alegre escapó de mis labios mientras me levantaba de la cama, llena de energía y entusiasmo.
Salí de mi habitación corriendo hasta llegar a la puerta de Kyla, y aporrear sin parar.
Un grito entrecortado de Kyla, me detiene, hasta que abre la puerta, su apariencia mañanera, no es la mejor. Sin embargo, la abrazo entusiasmada.
—¿Qué es ésto? —pregunta, y no le doy ninguna respuesta, solo alargo el abrazo—Me preocupas, en serio.
—¡Estoy contratada en Menf’scott!
—¡Júralo!
Asiento como descerebrada, y está vez es ella quien me envuelve en un abrazo. Me besa sutilmente la mejilla antes de separarse.
—Estoy muy orgullosa de tí, en ningún momento lo dudé.
Ambas caminamos hasta la pequeña sala, y ella se deja caer en el sofá de espaldas, dejando sus piernas extendidas en el respaldo del sofá, mientras pasa una de sus manos por su rostro. Yo por mi parte, me dirijo hasta el cuarto de baño, para hacer mi aseo matutino.
—¿Empiezas el lunes, no? —escucho que pregunta desde la sala.
Al terminar de enjuagar mi boca, me seco con una toalla.
—Sí.
Kyla aparece en la puerta del baño, y entra hasta sentarse en el retrete.