Capítulo 3

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   Cuando terminé de darme una ducha, salí del cuarto de baño y me encontré con Kyla sentada en la cama viéndome fijamente, lo cual no me sorprendió

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   Cuando terminé de darme una ducha, salí del cuarto de baño y me encontré con Kyla sentada en la cama viéndome fijamente, lo cual no me sorprendió.

—¿Qué? —espetó—¿No puedo estar en tu habitación?

—Siempre lo haces, ¿Por qué me importaría ahora? —comenté caminando hacía el armario.

—Tenemos que hablar.

—Dime, te escucho.

—No me aceptaron en Madrid.

Volteé rápidamente hacía ella viéndola fijamente, ella mantuvo la cabeza hacía abajo en todo momento jugando con sus dedos en su regazo. Era una costumbre de Kyla hacer eso cuando se encontraba nerviosa o con estrés.

Con el tiempo que tenía compartiendo apartamento con ella, había aprendido a identificar algunos patrones corporales.

—¿Estás en lista de espera?—indagué.

—Sí

Me acerqué a ella envolviendola en un fuerte abrazo, algo en mí percibió que ésto cambiaría muchísimo las circunstancias para Kyla, ésto realmente la sobrepasa, sin mencionar todos los problemas que vendrían a partir de ahora. Me atreví a preguntar lo que más nos preocupaba a ambas:

—¿Tus papás están al tanto?

Sentí su cabeza en mi pecho negar en un movimiento leve.

—Se jodió todo —su voz se rompe, lo que me cristaliza inmediatamente la mirada.

—Se va a mejorar todo, confía en mí.

—Gracias, mi cielo.

Sonreí ante la mención de aquel apodo, súper romántico que no solía usar muy seguido, excepto cuando se sentía vulnerable, o nerviosa.

Luego de unos segundos me soltó dramáticamente, viéndome fijamente.

—¿Vas a salir?¡¿Una cita?!

—Saldremos como amigos..

No me da tiempo de terminar de hablar cuando suelta un grito demasiado agudo.

—¡¿ZixersMan?!

—No lo llames así, por favor. —ruedo los ojos ante las ocurrencias de mi mejor amiga.

—¡Zixperl! —gritó con una energía cegadora, ante el cambio tan drástico de emociones, que bipolar de su parte.

—Que horrible suena —le mencioné, y ella me abucheó

—Quisiéramos, nena.

La dejé con su drama y, tras un suspiro, entré en el cuarto de baño, donde la luz suave iluminaba el espejo. Con precisión, me hice un delineado que acentuaba mis ojos, dándoles un aire cautivador. Luego, apliqué un labial rosa pastel en mis labios carnosos, el tono perfecto para realzar mi sonrisa.

‎Elegí vestirme con una camisa de cuadros blanca, que aportaba un toque casual pero elegante, combinada con una falda negra que se ajustaba perfectamente a mis curvas. La falda resaltaba mis caderas de manera espectacular, dándole forma a mi figura y acentuando mi trasero de una forma que me hacía sentir segura y poderosa. Para completar el look improvisado, me puse unos tacones de punta fina negros, que alargaban mis piernas y añadían un toque de sofisticación.

‎Dejé mi cabellera suelta sobre mis hombros, las ondas suaves enmarcando mi rostro.

Condenados a Amar (En Edición)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora