𝐎𝟕

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Ese día Edward quería hacer muchas cosas.

A pesar de ser bastantes, a todas las consideraba igual de importantes; todas y cada una las tenía mentalmente anotadas como labores que tenía que llevar a cabo al final del día.

El único problema que tenía era la indecisión.

¿Por dónde debería comenzar? En su mayoría se trataba de tareas sencillas, hacederas para un humano normal, pero aún con la simpleza de su naturaleza, algunas de ellas palpitaban en su cabeza por la ansiedad de cumplirlas. Lo único en lo que podía pensar era en él mismo y en las mil maneras que tenía para ello.

Quería dejar de ensimismarse... Apagar su mente por completo lo antes posible.

Llegar a casa, tomar una ducha, acomodar la ropa, regar el jardín, limpiar la mesa, reorganizar su armario; eran actividades que no le tomarían más de dos minutos, pero por supuesto, no desperdiciaría la valiosa oportunidad de pretender que tenía una vida humana normal. Haría las cosas lentamente, y luego, cuando todo estuviera en orden y el último rayo de sol se fuera, Edward se debatiría a sí mismo entre sí debería cerrar con broche de oro su día rompiéndose la cabeza con un taladro o salir de cacería antes para no morir con el estómago vacío (así es, no planeaba comer a lo largo del día, al menos, hasta decidirse por la noche; al mismo tiempo se preguntó si una granada en su lugar no sería una mejor y más eficiente opción para erradicarlo por completo de la faz de la tierra).

Tristemente, se lamentó, nada de eso serviría. Esconderse tras las faldas de la muerte era alcanzable sólo para aquellos que no tenían una deuda maldita como esa, con la réproba vida; a su alma condenada jamás se le permitiría un descanso tan misericordioso como ese. No. Debía continuar en búsqueda de su propia expiación, congelado tras una gruesa capa de piel dura y fría, inmutable como una piedra, teniendo presente en todo momento y lugar que, aún con una montaña de esfuerzo, era una deuda que jamás podría terminar de pagar.

La razón de sus anhelos se los daba la culpa (como siempre): esta vez, acababa de cometer otro terrible error.

Podría -juraba- que este traspié desafortunado venía como un pequeño adelanto en la cuantía total de su penitencia. Sin embargo, ¿cuál había sido el motivo tras aquel álgido movimiento del destino?

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⏰ Última actualización: Nov 06, 2025 ⏰

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𝙥𝙖𝙧𝙖𝙨𝙚𝙡𝙚𝙣𝙚Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora