¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Roserice termino de firmar el documento cuando la puerta de su despacho sonó, la mujer mayor de pelo canoso y lentes de media luna se acercó para abrir una de las puertas para ver al intruso.
Al ver al duque rubio de ojos carmín se sorprendió.
— duque Rosemary buenos días, ¿a que debemos su inesperada visita? —acomodó sus lentes—
— perdón por interrumpir madame, si es posible me gustaría hablar con su majestad la emperatriz —sonrió algo tímido colocando sus manos tras su espalda—
La mujer se giró hacia la albina mayor quien veía curiosa la puerta, por el cuerpo de la mujer le era imposible ver quien estaba tras la puerta.
— alteza, el duque Rosemary espera afuera, dice que quiere hablar con usted
Rose abrió su boca emocionada, no había tenido oportunidad de hablar con él rubio desde el banquete, apenas y se saludaron pues el duque pasó a saludar a funcionarios, condes y toda la clase alta, además de la reciente joya de su estrellita.
— que entre, dejalo entrar Lucía —ordenó emocionada—
Lucía asintió para abrir las puertas, Ali entró con calma, notando que el despacho de la emperatriz era un poco mas sencillo que el del emperador, al estar frente a la mujer regente sonrió para hacer una perfecta reverencia sin dejar su sutil actitud coqueta.
— alteza, yo Alikhan Rosemary saluda con total respeto y alegría a la rosa azul y la luna de la gran Arbezela, la emperatriz Roserice de Secreamise —dijo con serenidad sin borrar su sonrisa—
Su voz sonaba como la brisa suave que Roserice amaba sentir en los jardines. Tan melodiosa como el arpa y suave que lo asimilaba como la flor de nube que tanto ama.
— duque Rosemary, me alegra verlo, no esperaba su visita
— lo lamento alteza, debí haber pedido una audiencia con usted con antelación pero no puedo mentir al decir que ya ansiaba tener una charla con usted —confesó con una expresión avergonzada—
Roserice mordió su mejilla interna al ver la expresión adorable del menor.
Le sorprendía ver a un hombre que lograra ser tierno y a la vez atractivo, usualmente la belleza tierna se asociaba a la mujer nada más, pero el rubio de Galdeon era como una flor de nube o los rayos del sol al amanecer, tan gentil y suave que le daba miedo acercarse y romper su aura.
— no se preocupe duque, no es ninguna interrupción ni nada, yo también ansiaba una conversación entre nosotros pero el banquete y el papeleo del imperio me han tenido ocupada, de tener tiempo libre hubiera planeado un almuerzo en el jardín del cisne —dijo con una sonrisa tranquila para señalar la silla frente a ella— por favor tome asiento, señorita Lucía por favor pida bocadillos de miel y té para el duque