El caos se desató de la nada. Snezhnaya, la majestuosa nación de la nieve, ardía en llamas. El fuego se expandía rápidamente, devorando árboles, hierba y las hermosas estructuras de la región. El blanco inmaculado del paisaje se veía teñido de un rojo abrasador, acompañado por el crepitar de las llamas y el crujir de la madera cediendo al calor.
En medio de todo esto, se encontraba el Arconte Cryo, su expresión de terror y desesperación tan cruda que su grito desgarrador se escuchó por toda la nación. Era un lamento profundo, nacido del corazón, de alguien que estaba perdiendo algo irreemplazable. Cada paso que daba hacia el fuego era impulsado por la desesperación, cada intento de congelar las llamas con sus manos desnudas era un acto de amor y agonía.
—¡No! ¡No otra vez!— gritó con todas sus fuerzas, mientras metía sus manos entre las llamas, ignorando el dolor punzante que recorría sus dedos. Intentó usar su poder Cryo para congelar el fuego, pero las llamas parecían infinitas. No se detendrían. Su cuerpo temblaba, sus lágrimas caían sobre la tierra quemada. El calor no solo quemaba su piel, también consumía su alma.
Desde la distancia, Kazuha observaba todo. Su corazón se encogía con cada grito que soltaba su omega. Verlo en ese estado de vulnerabilidad le dolía más que cualquier herida que él mismo pudiera recibir. Sin dudarlo, corrió hacia él. —¡Basta! ¡No te lastimes más!— Lo tomó por la cintura, alejándolo del fuego. Sentía el temblor del cuerpo de su omega contra su pecho, sentía su respiración agitada y su llanto incontrolable.
—¡Kazuha, suéltame! ¡Suéltame ahora! ¡Esto es lo único que me queda!— forcejeó con todas sus fuerzas, logrando zafarse de los brazos de Kazuha. —¡No dejaré que vuelva a pasar! ¡No como aquella vez!—
Esas palabras golpearon a Kazuha con fuerza. ¿De qué hablaba? ¿"No otra vez"? ¿Acaso esto ya había ocurrido antes? Su pecho se llenó de preocupación, pero no tuvo tiempo de pensar en ello. Su omega corrió de nuevo hacia el fuego, metiendo las manos entre las llamas para intentar apagarlas con su poder Cryo.
—¡No! ¡Detente, por favor!— gritó Kazuha, con el temor de que las quemaduras en sus manos se volvieran irreparables. Pero no podía alcanzarlo, y no podía usar su propio poder de Anemo sin riesgo de avivar el fuego. Chongyun y Xingqiu hicieron lo posible para ayudar a apagar las llamas, pero el daño ya estaba hecho.
Cuando por fin las llamas se extinguieron, el Arconte Cryo cayó de rodillas, sus manos temblorosas, vendadas por una capa de hielo que él mismo había creado para mitigar el dolor de sus quemaduras. Miró su tierra, su hogar, destruido. El suelo ennegrecido por el fuego, los árboles reducidos a cenizas, y su pueblo observando a la distancia con temor y preocupación.
Kazuha se acercó de nuevo. Esta vez, no lo obligó a levantarse. Se arrodilló a su lado, lo rodeó con sus brazos y lo abrazó fuerte contra su pecho. Sintió las lágrimas de su omega empapando su ropa, sus manos aferrándose con fuerza a la tela, su cuerpo temblando como una hoja en el viento.
—Ya está, amor... Ya está. Estoy aquí contigo— susurró con una voz cálida y reconfortante.
Tomó a su omega entre sus brazos y lo levantó con suavidad. —Vámonos a casa—, dijo, acariciando su espalda mientras lo cargaba hacia el interior de la gran vivienda.
—Quiero a Gorou...— susurró el Arconte con una voz rota, escondiendo su rostro en el pecho de Kazuha. Este comentario no pasó desapercibido para el samurái. ¿Por qué mencionó a Gorou? Había oído antes que Gorou y su omega habían sido amigos desde la infancia, pero había algo en su tono que le hizo sospechar que había más detrás de eso.
Cuando llegaron a la habitación, Kazuha lo colocó suavemente en la cama. —Espera aquí, cariño. Voy a curarte las manos—, le dijo con una ternura infinita. Tomó vendas limpias y se arrodilló frente a él, pidiéndole que le mostrara sus manos.
—Déjame ayudarte, ¿sí?— pidió con una sonrisa tranquilizadora.
El Arconte extendió sus manos, y Kazuha las tomó con suma delicadeza. Suavemente, empezó a vendar las heridas con cuidado. Pero algo le llamó la atención. Había una cicatriz en su brazo que sobresalía de la manga. Con suavidad, levantó la manga de su ropa, revelando marcas de cortes, quemaduras y cicatrices que se extendían hasta sus hombros.
—No mires— dijo el Arconte, retirando su brazo con nerviosismo.
—Shh... Tranquilo, amor. No te voy a juzgar— respondió Kazuha con dulzura, tomando su brazo con más delicadeza esta vez. —Estas marcas no te hacen menos valioso. Al contrario, son prueba de lo fuerte que has sido. Dime, por favor... ¿quién te hizo esto?—
El Arconte no respondió de inmediato. Su mirada se llenó de dudas y temor, pero al ver la ternura y la paciencia en los ojos de Kazuha, decidió hablar.
—F-Fueron... mi padre. Él me odiaba por ser omega. Y... yo hice los cortes... No podía olvidarlo. No podía...—
Kazuha sintió su corazón romperse al escuchar esas palabras. Lo abrazó con fuerza, rodeándolo con sus brazos. —No más... Nunca más te harán daño. No mientras yo esté aquí— susurró, dejando un beso en su frente.
En otro lugar...
Dos figuras se encontraban en una habitación oscura.
—¿Hiciste lo que te pedí?— preguntó una voz masculina con un tono de impaciencia y frialdad.
—Sí. Snezhnaya está en llamas. Todo salió como lo planeaste— respondió una mujer de cabello blanquecino y negro, una sonrisa confiada dibujándose en su rostro.
—Perfecto. Esto solo es el comienzo. Cuando todo esté en ruinas, no podrá apoyarse en nadie más que en mí— dijo la figura masculina, su voz cargada de malicia.
—Debo admitir que tu plan es retorcido, pero efectivo. Aunque... aún no entiendo por qué tanto esfuerzo por ese omega— comentó la mujer con una sonrisa irónica.
—No es solo el omega, Arlecchino. Es todo. Su mundo, su confianza, su fuerza... Lo quiero roto. Quiero que me mire a mí y solo a mí—, respondió Scaramouche, con una risa baja y oscura.
Los dos estrecharon sus manos, sellando la alianza. —Espero que no falles, Scara. Porque si lo haces, no te salvaré de las consecuencias—, advirtió Arlecchino antes de desaparecer entre las sombras.

ESTÁS LEYENDO
🍂El viento me guío hasta ti🍂 Kaedehara x Malereader (Omegaverse)
Fanfiction-Ese omega es lo único que me importa y me importará, incluso si tengo que ir en contra de la shogun por el- -Los arcontes son solo estupideces- -Amo a ese arconte- -Kaedehara Kazuha x Malereader -Es Omegaverse -Solo Rayito me pertenece -No estoy a...