—Deja de mirar por la ventana. No vendrá.
—No lo espero —mi voz apenas es un susurro. La humedad de esta mazmorra ha destrozado mi garganta.
Él ríe con desdén.
—¿No? Supongo que, al fin, te has dado por vencida.
Echo un vistazo por encima del hombro, pero aparto la vista de inmediato, volviendo a la única fuente de luz en esta celda: esa pequeña ventana.
—Si te soy sincero… creí que vendrían a rescatarte —comenta mientras se sube y abrocha el pantalón. Su tono es ligero, burlón, como si la conversación le divirtiera—. Pero está claro que son unos cobardes.
No le escucho. No lo hago desde hace semanas. He aprendido a ignorarlo, a concentrarme en lo que hay más allá de esa ventana.
—¿Realmente piensas que fuiste importante para alguno de ellos?
Mi silencio es suficiente para que la pregunta se enrosque en mi mente como un veneno. ¿Lo fui? Quizá no...
De repente, su mano se cierra con violencia sobre mi mentón, obligándome a mirarlo.
—Responde —ordena con voz férrea—. ¿Lo crees?
—¿Acaso importa?
Sus ojos se entrecierran, hay un destello de desconcierto en ellos. Suelto su agarre con un giro de rostro.
—¿Importa lo que yo crea?
Él suelta una risa breve, seca.
—La verdad es que no. Pero la esperanza es lo último que se pierde. Dime, Malakti, ¿aún crees que vendrán?
Cinco semanas. Cinco semanas en este infierno.
—¿No crees que, si quisieran salvarte, ya lo habrían hecho? —su voz es un veneno que se desliza en mis oídos—. Dime, ¿sigues esperando verlos aparecer?
—No quiero que vengan.
Su risa estalla con burla.
—¿No? Jajajaja… Supongo que alguien como tú no espera ser rescatada.
Se enciende un puro y el humo espeso me revuelve el estómago.
—En fin… Tampoco estás tan mal, ¿verdad?
¿No estoy mal?
El chasquido de las cadenas al moverme resuena en la habitación. El frío y la humedad me calan los huesos.
—¿Esto es estar bien para ti? —le muestro mis muñecas marcadas por los grilletes—. Encadenada. Golpeada. Hambrienta. Ultrajada.
—Te dije que serías tratada como te lo merecías.
Su voz no tiembla. No hay remordimiento. Nunca lo hubo.
—Claro. Y supongo que este es el trato que merezco.
Levanto la mirada y lo veo. Ojos de demonio.
—Porque soy una puta, ¿verdad, Ahdmir?
Él aprieta la mandíbula.
—Una sucia ramera que no merece más que sufrir hasta su último aliento.
Silencio.
Un silencio que se siente como un filo deslizándose por mi piel.
Alzo el mentón con desafío.
—¿Por qué no me matas de una jodida vez y acabas con esto?
—¿Quieres saber por qué no te mato? —se acerca de nuevo y se sienta frente a mí, cara a cara—. Porque yo también tengo esperanza.
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NOONA
Fiksi PenggemarJungkook un joven Idol que no cree en el amor. Noona,una mujer fría y sin sentimientos, mayor que él,poderosa,sin prejuicios, indomable e inalcanzable que solo busca sexo. El Idol no contaba con que ella se metiera en su corazón hasta la obsesión. Y...
