Cuando el ruido se apaga

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—¿Sabes, Jin? —dijo Ahdmir, casi con una sonrisa—. Ella también me habló de ti.

El silencio se tensó.

—Siempre tan noble, tan correcto, tan… sacrificable.
Qué carga más pesada, ¿no?
Tener que ser el que aguanta mientras todos los demás se rompen.

Jin no parpadeó. Pero algo en su mandíbula se tensó.

—Decía que confiaba en ti. Que si algo salía mal, tú sabrías qué hacer.
—Ahdmir ladeó la cabeza, su voz tan suave que me heló—. Lástima que esa confianza… también puede ser una debilidad.

El arma seguía en mi sien, inmóvil, pero el verdadero filo estaba ahora en sus palabras.
Él no necesitaba disparar todavía. Solo envenenar.

—¿Qué harás, Jin? ¿Serás el héroe? ¿Estas listo para ver morir a la mujer que amas?

La tensión era una cuerda a punto de romperse.

Yo sentía el sudor bajando por mi espalda. El filo del cuchillo todavía tocaba mi garganta, pero algo estaba a punto de estallar.

Y entonces…

—¡BASTA!

Fue Jeon.

Saltó desde un lado como una maldita tormenta. No esperó señal. No esperó permiso.

En una fracción de segundo, todo fue movimiento: disparando sin apuntar con precisión, solo para desviar la atención.

El primer tiro dio en la pared. El segundo hizo que Ahdmir girara apenas el rostro.
Suficiente.

Yoongi aprovechó el momento. Disparó. Un golpe seco. No dio en el blanco, pero rozó el brazo de Ahdmir. Sangre.

Grité. El brazo que me sujetaba se aflojó.

Jungkook ya estaba encima.

—¡SUÉLTALA, HIJO DE PUTA!

Lo embistió con todo el cuerpo, y caímos al suelo en un solo amasijo de ruido, huesos y gritos. Yo resbalé hacia un lado, rodando como pude.

El cuchillo voló. El arma también.

Jungkook y Ahdmir forcejearon en el suelo como bestias. Puños, sangre, odio.

Vi la furia en los ojos de Jeon: no era solo rabia, era pánico.
El miedo de perder a alguien otra vez.

Ahdmir lo golpeó en la mandíbula. Jeon escupió sangre, rió, y devolvió el golpe tres veces más fuerte.

Yoongi me alcanzó en medio del caos. Me cubrió con su cuerpo, su respiración era fuego.

—¿Estás bien? —preguntó, pero su voz ya buscaba a Jin—. ¡JIN!

Miré a Jin. De pie, pálido. Inmóvil.

Y entonces vi el brillo metálico. El último arma de Ahdmir.
Una pistola en el tobillo.

—¡YOONGI! —grité, señalando, pero ya era tarde.

Ahdmir levantó el brazo desde el suelo. Apuntó a Jeon.

Y entonces sonó un disparo.

Uno solo.

Pero no fue de él.

Fue de Jin.

Su mano temblaba. El arma humeaba.

Jungkook lo apartó, jadeando. Sangraba. Pero estaba vivo.

Yo también.

Y Jin… bajó el arma. Lento. Como si acabara de romper algo dentro de sí que nunca iba a poder reparar.

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