VIII

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Capítulo anterior:

Lo que le importaba ahora era su hermano, no sabía porqué se encontraba en ese lugar, mucho menos el porque hasta ese momento le enviaba un mensaje, sin siquiera añadir un comentario, siendo únicamente una ubicación, no sabía nada pero a la vez lo sabía todo.

No iba a dejar que su hermano fuera una víctima más.

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Todo su ser quería explotar, sintiendo un gran choque de adrenalina más no de buena manera, aquel dolor tan intenso que provocaban los tirones de su cabello a medida que subían aquellos escalones eternos se intencificaba a cada segundo, aquel engendro subia como sin importancia mientras el pálido apenas y podía levantarse, sin embargo, volviendo a caer al mismo instante, su cuerpo le suplicaba llorar, sollozar más a lo único que se limitaba era los pequeños gruñidos casi inaudibles, conteniendo sus sentires más de lo que había hecho en toda su vida.

Escuchando risas que viajaban por todo el lugar a causa del eco, provenientes de una sola persona pero escuchandose como si fueran de miles más, sus manos sujetaban las de  aquel tipejo, sintiendo como estas extrañamente eran suaves para pertenecer a un fenómeno que perfectamente sabía que estaría demacrado tanto mental como físicamente, no obstante, el constante dolor en su cabeza no le daba siquiera  tiempo para pensar en algo más, sobre su camino nuevamente hacia aquella horrible habitación se comenzó a percibir el asqueroso olor a hierro y carne en descomposición.

No quería volver a entrar en ese lugar, no quería ver lo que yacia dentro, una escena tan traumante y grotesca que siquiera a su mayor enemigo se lo desearía; grande el escruendo fue al momento que la puerta había sido abierta de una patada que denotaba enojo, su mente se encontraba tan nublada que siquiera estaba consciente que podría morir finalmente, solo se dejaba guiar por aquel fenómeno, por aquellos jalones a su cabello que le comenzaban a provocar dolor de cabeza; sus dientes eran apretados contra ellos mismos por evitar el llanto o emisión de algún grito o súplica, si quería irse y hacer como si nada hubiese pasado, como si se hubiese tratado de una simple pesadilla, pero estaba consciente que no lo era.


Que su muerte estaba cada vez más cerca.


De un último tirón, incluso más fuerte que los anteriores, su cuerpo fue introducido nuevamente en aquella sala, no obstante, esta no era la misma de hace un rato, si bien el olor a sangre era presente no se hallaba ningun cuerpo sin vida en la estancia, por el contrario, aquella habitación poseía una cama algo grande para un solo individuo, algo vieja pero manteniendo sus detalles elegantes, yacian extensos armarios junto a una mesa de noche en sus últimas a un lado de la cama ¿qué pretendía aquel tipo? Por su cabeza siquiera se asomaba opciones, ya que la única que tenía era la muerte.


Los pasos del contrario se hacían notar llendo de un lado a otro, emitiendo el fino ruido de aquellos desgastados y caros zapatos por el descuidado suelo, siquiera una palabra más si una risa de la cual no deseaba saber su razón; quiso acomodarse, sin embargo, el intenso dolor en su pierna le impidió realizar cualquier movimiento provocando que de la boca del pálido saliera un ligero gruñido el cual para su desgracia llego a oídos del demente, quien rápidamente volteó su mirada hacia el chico que yacia en el suelo luchando contra el dolor. De un salto se inco al nivel del contrario, ladeando la cabeza hacia un lado como si curiosidad tuviera, dejando al pálido mucho más tieso de lo que ya estaba; miedo se notaba en su mirada aun con un ligero brillo más no de felicidad si no de temor, de intensas ganar de llorar.


No obstante, ¿qué estaba viendo en aquel chico? Su cabello rojizo apenas cubría sus ojos avellanas, pero en estos yacia algo diferente a como se mostraba, algo que no cuadraba con sus acciones y estilo de vida, ¿porqué en un momento de peligro podía observar temor y soledad en aquellos orbes? ¿Qué tanto peso yaceria sobre sus hombros? Min, sin romper su contacto con los orbes contrarios levantó inconscientemente su brazo, tenía miedo de eso no cabía duda, no había manera de predecir lo que el contrario haría y si este acabaría bebiendo de su sangre, simplemente se escuchaba un ligero vacío entre respiraciones, la pálida mano se acercaba cada vez más al rostro del pelivino sin estar consciente de sus acciones, siquiera estaba pensando en ese momento tan solo era como si todo su ser estuviese siendo controlado por alguien más.


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⏰ Última actualización: Dec 25, 2024 ⏰

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