Las palabras de Lucifer cayeron sobre Leal cómo un rayo, despertando en ella una angustia y una confusión abrumadora. Su delicada piel se estremeció, cómo si estuviera absorbiendo el peso de la verdad. Apenas podía procesar lo que estaba sucediendo dentro de ella, apenas podía comprender el mundo extraño en el que se encontraba. La negación fue su primera reacción, seguida de una desesperación creciente. Su cuerpo comenzó a temblar sin control, cómo si estuviera luchando contra una fuerza invisible.
Lucifer se dió cuenta de su estado y se sintió arrepentido. Arrepentido y culpable. Sabía que todavía tenía mucho que explicarle a Leal, y que no sería fácil. Leal era un ser ajeno al mundo mundano, sin conocimiento de la verdadera naturaleza de los humanos y sus acciones. Lucifer no quería ser el que le revelara la oscura verdad, pero sabía que era necesario.
No podía ocultar la verdad ahora que el mundo estaba a punto de morir.
Al ver la duda y la incertidumbre en los ojos de Leal, Lucifer se acercó a ella, intentando hacerla reaccionar, pero Leal se alejó, recargando su espalda contra la cabecera de la cama. Lucifer se sintió alarmado por su evasiva, aunque no quería admitirlo. La acción de Leal había despertado en él algo insoportable.
—Mía, por favor, mírame —le suplicó Lucifer—. Necesito que me prestes atención y que trates de ser fuerte porque...—
Leal lo miró, confundida, antes de interrumpir:—¿Por qué ha dicho eso, señor? ¿Por qué cree que el mundo mortal está a punto de...?—
Lucifer respiró profundamente antes de responder: —He recibido información de Gabriel. Él me ha explicado lo que está a punto de pasar con la tierra. Padre... ya no puede detenerlo.
Leal negó con la cabeza, sintiendo su corazón martillar en su pecho.
—No... Debe haber un error. El mundo mortal es importante para Padre. Es su más preciada creación. Además... ¿cómo podría morir? Y-yo... no entiendo.
Lucifer se acercó más.
—Existen muchos detonantes, querida, pero el que ha provocado todo esto... ha sido el que ha tenido que ver con la existencia de ellos. Los humanos. Leal, por favor, debes entender —dijo Lucifer, su voz llena de urgencia—. El fin del mundo no es sólo una posibilidad, es una certeza. Y no hay nada que pueda hacer para detenerlo.
Leal lo miró, confundida y asustada.
—¿Qué quieres decir? ¿Cómo puede ser que el mundo vaya a terminar?
Lucifer se pasó una mano por el rostro, cómo si tratara de borrar la imagen de la destrucción que veía en su mente.
—Los humanos... han ido demasiado lejos. Han desatado fuerzas que no pueden controlar, y ahora el mundo paga el precio.
Leal se estremeció, sintiendo el temor que emanaba de Lucifer. Nunca lo había visto así, al menos no cuando era Luzbel. Nunca lo había visto tan preocupado y asustado.
—¿Qué podemos hacer? —preguntó Leal, su voz apenas un susurro.
Lucifer negó con la cabeza.
—No hay nada que podamos hacer. El fin del mundo es inevitable. Lo único que podemos hacer es tratar de encontrar una manera de escapar de la destrucción que se avecina.
—¿Y qué hay de los demás? ¿Qué hay de todos los seres que viven en este mundo?
—Ellos lo han provocado, Mía. Ellos tienen que sufrir las consecuencias.
—¿Pero cómo pueden ser tan destructivos? ¿Cómo fue que ellos... provocaron esto?
—Es su naturaleza. Han sido creados para destruir, para consumir y devastar todo lo que les rodea. No tienen conciencia, no tienen empatía. Sólo piensan en sí mismos y en su propia supervivencia.
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Luzbel. (En Curso)
Ciencia FicciónSoy Lucifer. Me pueden llamar como quieran; "Satanás", "El Diablo", "El Demonio"... La verdad es que me tiene sin cuidado el nombre que usen. Sabré que, si lo usan, es para nombrar al mal. Incluso a su propio mal. Mucho gusto, mi nombre es Lucifer...
