George x Max
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George jamás podría olvidar la primera vez que vio a Max Verstappen. El chico nuevo de Países Bajos que acababa de llegar a Inglaterra y apenas dominaba el idioma. Sus pálidas mejillas todas sonrojadas, la sonrisa tímida que le daba a todo el mundo, su intento por ser agradable. Le había encantado cada pequeño detalle de aquel chico.
Max por otro lado agradecía todos los días haber entrado a ese salón y ver ahí al magnífico George Russell, tan pulcro. Quedó flechado al instante, lo consideró amor a primera vista y para su buena suerte le asignaron lugar a su lado.
Entre su mala pronunciación y poco conocimiento del inglés, Max no hablaba mucho, pero siempre hacia el intento para sacarle conversación al británico aunque le costaba trabajo y George no cooperaba. Con los meses fue entendiendo y hablando mejor el idioma, así que era más sencillo, adoraba hablar de cosas que no tenían sentido, dar datos curiosos que nunca habría imaginado y ese estilo de cosas.
Aunque el británico era muy reservado, le encantaba el contraste que tenía con el neerlandés. Siempre estaba bromeando con sus amigos, las mejillas rojas de tanto reír, un millón de curiosidades que sabía. Se había encargado de fijarse en cada forma de se. Con el tiempo y la confianza se dio cuenta que Max adoraba el contacto físico, en realidad era muy empalagoso.
Sus días eran muy diferentes cuando llegaba a la escuela y en los pasillos, el rubio se acercaba corriendo para abrazarlo y quedarse pegado junto a el la mayor parte del cuerpo, después de todo compartirían varias clases.
Por mucho que disfrutará la atención del rubio no era de corresponder las muestras de afecto o mínimo mostrar que le gustaban. Estaba tan perdido en su mundo que no se daba cuenta de lo que tenía enfrente de el, no se daba cuenta la forma tan locamente apasionada con la que Max se fue enamorando con el tiempo.
Max por otro lado no se rendía, creía firmemente que podía llegar al corazón de George, por eso era tan cariñoso y lindo con el.
Ya iba a cumplir un año de haberse mudado de Países Bajos, absolutamente todo había sido un cambio a su vida. Su mamá había conseguido un trabajo en Inglaterra y fue la excusa perfecta para alejarse de la toxicidad de su padre.
El problema empezó cuando Max se empezó a cansar de no recibir ni la más mínima consideración aunque sea como amigos, por mucho que lo amara no iba a estar rogando por cariño o algo del británico.
George comenzó a percibir un cambio en la actitud del neerlandés, no tenía la más mínima idea de lo que estaba ocurriendo o el motivo por el cual dejó de ser tan empalagoso y tierno con el. En ningún momento vio lo que estaba haciendo el, así que solo le echaba la culpa a las nuevas amistades del chico. Ese maldito australiano narizón le estaba robando la atención de Max y no soportaba la idea.
...
Estaba en una de las bancas fuera de la escuela junto a sus amigos, todos estaban esperando a Max quien salía más tarde por la clase de dibujo. Cómo de costumbre corrió a abrazar a George y se colgó de su cuello, sus amigos desviaban la mirada, pero los curiosos encontraban la escena muy tierna y sabían que el neerlandés estaba loco por George.
George no había salido abiertamente del clóset, por lo que no le gustaban tanto esas muestras de afecto en público por vergüenza. Por mucho miedo que tenía sabía que estaba siendo un maldito idiota con Max, pero se preocupaba más por el "¿que dirán?" Entro en pánico porque sentía todas las miradas sobre ellos, la única solución que encontró fue dirigir sus manos a la estrecha cintura del más bajito, quién por un momento creyó que finalmente le iba a corresponder el abrazo, pero solo lo alejó sin siquiera mirarlo.
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