- ¿Por qué no me dices a dónde vamos? - pregunté ansiosa.
- Si te lo digo ya no es sorpresa. - me dijo Tadeo.
- Perdón. Pero que sepas, que voy a ser muy pesada.
- Te creo - reía ante mi respuesta.
Los dos alistamos una pequeña maleta para un fin de semana. Henry nos llevaba en el coche y llegamos al aereopuerto.
- ¿Dónde vamos Tadeo? - pregunté nerviosa.
- Es S-O-R-P-R-E-S-A.
Nos despedimos de Henry y este me tomó de la mano para entrar al aereopuerto. Para que no viese nada me puso un antifaz y para no escuchar el megáfono me puso unos audífonos con música.
El viaje se me hizo eterno por los nervios que tenía. El avión aterrizó, finalmente. Tadeo tomó un taxi y paramos en un hotel, subimos a la habitación y me llevó al balcón. Este me quitó los audífonos y el antifaz y pude ver la ciudad ante mis ojos.
La emoción de pasar un fin de semana en París, la ciudad del amor, me llenaba de energía. Después de dejar nuestras maletas, decidimos salir a explorar. Nuestra primera parada fue en una pequeña boulangerie donde disfrutamos de un desayuno tradicional: croissants recién horneados, pain au chocolat y un chocolate caliente que me hizo suspirar de felicidad. Con nuestras energías recargadas, caminamos hacia la Île de la Cité para visitar la majestuosa Catedral de Notre-Dame. A pesar de las multitudes, la belleza de la catedral y sus vitrales me dejó sin aliento.
Al mediodía, tomamos un crucero por el Sena. Mientras el barco se deslizaba suavemente por el río, admiramos algunos de los monumentos más icónicos de la ciudad: el Louvre, el Museo de Orsay y, por supuesto, la Torre Eiffel, que se alzaba majestuosamente contra el cielo azul. Aproveché el momento para tomar fotos y simplemente disfrutar de la compañía de Tadeo mientras el sol brillaba sobre el agua.
Para el almuerzo, probamos el clásico steak frites y una deliciosa tarta de manzana con una bola de helado de vainilla. Todo estaba delicioso, y no pude evitar sonreír al ver la expresión de satisfacción en el rostro de Tadeo.
Por la tarde, paseamos por los jardines de Luxemburgo, disfrutando de la tranquilidad y la belleza del lugar. Nos sentamos en una banca, observando a los parisinos disfrutar de su día, y hablamos sobre nuestros sueños y planes futuros. París tenía una forma de hacernos sentir más cerca y conectados que nunca.
La noche llegó y con ella, nuestra cena en un restaurante con vista a la Torre Eiffel. Nos deleitamos con un menú de degustación que incluía foie gras, confit de pato y un suflé de chocolate que fue la guinda perfecta para nuestro día. La torre se iluminó mientras cenábamos, y levantamos nuestras copas de champán en un brindis silencioso, agradecidos por el momento y por tenernos el uno al otro.
- Gracias por traerme a este hermoso lugar - le dije dándole un casto beso en los labios.
- Gracias por ser tú mi compañera-. Paseamos hasta llegar al hotel deleitándonos de la noche y su brisa.
- ¿Tienes frío o calor? - me pregunta.
- Fuera hace frío, ahora estoy bien.
- Lo decía porque te puedo ayudar a regular tu temperatura - se acercaba sensualmente.
Le sonreí ante su propuesta y este fue quitando poco a poco mi ropa, al igual que yo le quité la suya. Los besos no cesaban y aumentaban cada vez más, llegando a lugares donde el placer nubla la mente de cualquiera. Besaba mi entrepierna y llegó a mi zona íntima, llegué al clímax en poco tiempo. Él llegó a mis labios para que probara el sabor, bajo a mi cuello y abrió el preservativo para poder penetrar mi útero. Las embestidas eran continuadas y rítmicas.
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Él es mi primer amor... #wattys2024
RomanceJoy es una joven que ha sufrido mucho, a pesar de ello trata de ver la vida con más optimismo aunque esconda su tristeza tras una sonrisa. Todo cambia cuando conoce a la familia Liversmisk. [COMPLETA]✅
