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La vista hacia el océano era hermosa, azul brillante, por un lado, y la puesta de sol anaranjada por otra. Candela se sentía plena, feliz, como si la vida no pudiera sorprenderla con nada más.
Observando la escena, envuelta en un pareo, con el bikini debajo, el calor hasta incluso parecía refrescante con todo lo que estaba viendo. Era una locura.
Sin embargo, cuando se dio la vuelta hacia su camarote y lo vio recostado en la cama, se sintió mil veces mejor.
— Amor, levántate —le susurró ella suavemente, pero su novio no se movió ni un centímetro— Ya es de tarde.
Neymar abrió un solo ojo y la miró. Se encontraba boca abajo, en bóxer, cubierto por una fina sabana en una sola pierna. Bostezó, cansado.
— No me quiero levantar —murmuró él con la voz ronca producto de dormir.
Candela se acercó, se sentó a su lado y comenzó a acariciarle la espalda, dándole mimos. Él tenía uno de sus brazos debajo de la almohada y la otra estirada en la totalidad de la cama, como si las dos plazas no fueran suficientes para su cuerpo.
— Dale, hermoso, vamos a hacer algo, no quiero estar acá todo el tiempo —le dijo Candela.
Entonces el jugador la agarró por la cintura de sorpresa y la tiró contra la cama, riendo. De repente tenía muchas energías.
— ¡¿Qué haces?! —dijo ella entre risas.
— Te acostas a dormir conmigo —contestó Neymar, dejándole besos en todos lados.
Los dos reían, mientras que él seguía besándola y ella se hacía chiquita porque le hacía cosquillas.
— ¿Y si no quiero? —murmuró Candela, dándole un empujón a Neymar.
— Te voy a tener que obligar.
— Oblígame —exigió ella.
El jugador la agarró por la cara y le encajó un beso en los labios, luego otro y otro, hasta que su lengua entro en la boca de Candela, rozó la de ella y después le mordisqueo el labio de abajo, le gustaba mucho hacer eso.