No Mires

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La noticia de que Alondra ha invitado a Aurora a salir se ha extendido entre los estudiantes como un virus. Cada vez que escucho algo sobre ellas, es como si una aguja se me clavara en el pecho; cada mención de sus nombres me consume un poco más, dándome un recordatorio punzante de lo que no puedo tener.

Sin decir palabra, me dirijo al asiento que siempre ocupo junto a la ventana. Dejo caer mi mochila al suelo con un leve golpe y me hundo en la silla, apoyando los codos sobre el pupitre.

El rumor resuena una y otra vez en mi mente, cada vez más persistente, más insoportable. Me muerdo el labio, mirando con el ceño fruncido la ventana, tratando de apagar los murmullos de los demás estudiantes que parecen taladrarme el cerebro.

La puerta del salón se abre con un chirrido. El ruido usualmente no me habría importado, pero algo en la reacción de la clase me obliga a girar la cabeza. Un chico alto cruza el umbral, sujetando con nerviosismo una carpeta contra su pecho. Su cabello oscuro con rizos está peinado con cuidado, y su manera de caminar es ligera.

Alex, así lo había presentado la profesora en la clase anterior, busca con la mirada un lugar donde sentarse. Su expresión trata de mantenerse serena, pero la forma en que aprieta los labios lo delata. Más risitas llenan el aire mientras pasa junto a los pupitres, como si su mera presencia fuera una broma.

Con la cabeza agachada, mirando al suelo, Alex encuentra un mesabanco libre al fondo, justo detrás de mí.
Con movimientos rápidos y nerviosos, deja caer su mochila al lado del pupitre y se sienta en la silla, sin mirar a nadie. Ajusta su postura, encorvándose ligeramente, como si intentara volverse invisible. Escucho cómo respira con calma, aunque lo hace de manera irregular, como si tratara de calmarse.

El timbre suena, cortando el murmullo de la clase y anunciando el final de la jornada. Rai se levanta de un salto, sin pensarlo demasiado. Toma su mochila rápidamente, la coloca sobre su hombro y se acerca a la puerta con pasos rápidos.

No mira a nadie, ni siquiera a los compañeros que todavía están guardando sus cosas o charlando entre ellos. Su mirada está fija al frente, evitando cualquier tipo de interacción. Sale del salón casi a toda prisa. Solo quiere llegar al baño, donde nadie pueda mirarla, donde pueda respirar tranquila por un instante.


Cuando llego al baño, me detengo en seco. Allí, sobre el lavabo, están Alondra y Aurora. Besándose con una intensidad que me corta la respiración. Alondra está completamente absorta en el beso, y Aurora la sostiene con firmeza. Sus cuerpos están tan cerca que apenas queda espacio entre ellas.

La escena es tan inesperada como dolorosa.
Mis ojos se clavan con furia en ellas, incapaz de apartar la mirada. El dolor me golpea de lleno, tan fuerte que me cuesta respirar, como si el espacio del baño se estuviera cerrando a mi alrededor. Cada latido de mi corazón resuena en mis oídos con fuerza, mi visión se torna borrosa, como si una neblina espesa se interpusiera entre mí y la escena que me estaba destrozando. Y antes de darme cuenta, el suelo parece venirse hacia mí. La última imagen que queda grabada en mi mente es esa escena, antes de que todo oscurezca junto a los gritos sordos de Alondra y Aurora de fondo, llenos de preocupación.

....

Mi mente es un caos cuando despierto. El primer sonido que escucho es un leve murmullo, como si estuviera bajo el agua, pero a medida que mi visión comienza a despejarse, el ruido se hace más claro. Una luz blanca me golpea los ojos, y parpadeo varias veces para acostumbrarme. Siento una suavidad bajo mi cabeza, como una almohada. Al principio, no entiendo qué está pasando, pero gradualmente, mi vista se aclara y la imagen de Alondra sentada a mi lado en una silla se hace más nítida.

Está inclinada hacia adelante, con las manos entrelazadas sobre sus rodillas, y su rostro refleja una mezcla de preocupación y alivio al verme despertar. Mis ojos se detienen en ella, sorprendida, mientras trato de procesar por qué está aquí, conmigo, en este momento.

Dejo de respirar por un instante, incapaz de apartar la mirada. Alondra, mi Alondra, está aquí. La manera en que parece aliviada al notar que estoy despierta, la forma en que sus ojos se posan en mí, me llena de una embriaguez adictiva.

Rai, por fin despiertas —dice con un tono cálido. Siento mariposas en el estómago al escuchar ese sobrenombre, como si no hubiera nada más importante en ese momento que mi nombre en sus labios.

¿Qué... qué pasó? —pregunto, mi voz quebrada.

Te desmayaste —explica, acomodando un mechón de cabello detrás de su oreja. El movimiento es tan casual y hermoso que me deja sin palabras por un segundo—. Estabas en el baño, y de repente caíste al suelo.

Recuerdo la escena, pero trato de bloquearla. No quiero pensar en lo que vi antes de perder el conocimiento, no ahora.

¿Tú... tú me trajiste aquí? —mi voz tiembla, y sus ojos se encuentran con los míos.

Asiente, con una ligera sonrisa.

No podía dejarte ahí. Aurora fue a buscar ayuda, pero yo... —Hace una pausa y parece un poco nerviosa—. Bueno, no podía esperar. Te cargué hasta aquí como pude.

Al escuchar sus palabras, un torrente de calor recorre mi cuerpo. Imaginarme a Alondra cargándome, sosteniéndome entre sus brazos, me hace sentir una presión en el pecho. Puedo visualizarlo tan claramente, como si fuera una escena propia, sentir cómo sus manos me rodeaban, cómo su cercanía me envolvía.

El calor se extiende rápidamente por mi rostro, y me doy cuenta de que mi cara probablemente se ha puesto roja. El calor en mis mejillas se intensifica, como si todo mi cuerpo estuviera reaccionando a esa imagen que no puedo quitarme de la mente. Justo cuando estoy a punto de articular un "gracias", la puerta se abre y una enfermera entra en la habitación.

Alondra se levanta rápidamente de su silla, sonriendo de manera amable, y da un paso atrás para dejarle espacio a la enfermera.

Te dejo descansar, Rai. Yo estaré fuera si me necesitas —dice con una suave sonrisa y aprieta mi mano suavemente, antes de dirigirse a la puerta. La enfermera asiente y la sigue con la mirada, cerrando la puerta tras ella con cuidado.

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