El Día

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Este capítulo tiene violencia y sangre.
Si eso te incomoda, mejor sáltalo.
Léelo bajo tu propio riesgo. 🩶




Los árboles estaban llenos de neblina.

No era una neblina suave ni bonita, sino espesa, se colaba entre las ramas desnudas y borraba los bordes del sendero que rodeaba el lago. Todo parecía detenido.

El día había llegado.

Rai avanzó con cuidado, pisando hojas húmedas que se deshacían bajo sus botas. El frío se le metía en los huesos, pero no era eso lo que la hacía temblar.

Era la anticipación.

Se escondió detrás de unos arbustos bajos, espinosos, que le rasguñaban las pantorrillas a través del pantalón. Desde ahí podía ver el sendero. Siempre pasaba por ahí. Siempre a la misma hora. Había memorizado cada detalle: el ritmo de los pasos, el leve balanceo del cuerpo al correr, el momento exacto en que Aurora bajaba la velocidad

Apretó la barra de hierro entre las manos.

El metal estaba frío, húmedo, pesado. Le manchaba las palmas con olor a óxido. Sus dedos se cerraban y se abrían sin que ella lo notara, como si el cuerpo se preparara solo. El corazón le golpeaba tan fuerte que temió que se oyera entre la neblina.

Esperó.

El tiempo no avanzaba de forma normal. Los minutos se estiraban, se volvían largos,

El muelle aparecía y desaparecía entre el vapor. Todo estaba listo. Demasiado listo.

La neblina se le metía en los ojos, en la garganta. Respirar empezaba a dolerle. El vapor salía de su boca y se perdía de inmediato en la neblina, como si ni siquiera el aire quisiera quedarse con ella.

Un sonido.

No pasos.
Algo más bajo.

El crujido de ramas húmedas, del otro lado del sendero.

Rai tensó todo el cuerpo. La barra de hierro pesó distinto en sus manos. Más real. Sus hombros se encorvaron apenas, lista.

Esperó ver la silueta conocida. El ritmo exacto de siempre.

Pero no era Ella.

Un perro apareció primero, flaco, con el pelaje oscuro empapado. Olfateaba el suelo, nervioso, la cola rígida. Detrás, una figura borrosa, demasiado envuelta en abrigo grueso, caminando lento. Un hombre mayor, quizá. No corría. solo miraba el suelo.

Rai no se movió.

Sintió algo parecido a la decepción, pero más afilado. Una punzada seca en el pecho. Como si le hubieran quitado algo que ya sentía suyo.

El hombre pasó sin verla. El perro tiró de la correa. El sonido se alejó, tragado por la niebla.

El sendero volvió a quedar vacío. o eso pensaba ella.

Rai siguió esperando.

Las piernas le temblaban, no de miedo, sino de haber estado lista demasiado tiempo.

Y entonces escuchó aquellos pasos
Ligeros.
olímpicos
Amortiguados por la grava mojada
Era Ella.

Aurora no oyó nada.
No vio nada.
Solo se inclinó para atarse el zapato.

Rai salió de los arbustos.

Rai levantó la barra alto.
El metal pesó como plomo.
El golpe cayó rápido, sordo, en la cabeza de Aurora.

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⏰ Última actualización: Jan 11 ⏰

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