8 Como Hansel y Gretel

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Lucifer y Vel despiertan sin sentir el calor y el olor de sus únicas dos humanas favoritas a mitad de la noche, miran al rededor y ellas no están, pero no pueden haber ido muy lejos, sino las cadenas tirarían de Vel arrastrándola como cada vez que tiene un berrinche y Claire se sube a la moto y arranca llevándola a las rastras, y menos que menos dejarían a su minino Luci.

Las encuentran durmiendo en una de las habitaciones con una gran cama, se escabullen en el espacio en medio de ambas, a Vel no le hace falta dormir tanto y ya no tiene sueño ciertamente, pero disfruta de la compañía de las dos, bueno últimamente, ya que no siempre ha soportado a Claire. En teoría y la práctica la única que soporta tal tormento sin quejarse es Sofía, pero eso es solo porque siempre la ha amado en silencio y si creyera en alguna otra cosa que no fuera su fé, diría que lo decretó sin duda alguna.

—No las despertemos, bola de pelo.

El gato asiente, entiende perfectamente el idioma de los humanos, pero entiende aún mejor otros dos idiomas que lleva escuchando desde hace milenios con el que Vel a veces le habla.

Vel se acomoda en medio de ellas con sumo cuidado, es Claire quién la abraza primero dormida y se pega a ella dejando su nariz en su cuello, la demonio piensa que seguro la confunde con Sofia, pero pronto se da cuenta de que no es así, ya que Claire no puede quedarse callada ni dormida.

—Hueles bien... Vel —pega sus labios a su cuello y le deja un beso suave—, pareces un ángel —ahí fue el insulto luego las caricias en su vientre que la tensaron y pensando que quizás de lo hace a propósito o no está tan dormida, escucha un ronquido.

Sofía es quién buscando calor también se le pega del otro costado y hace lo mismo que Claire, ahora tiene su cabeza firme mirando al techo, ya que ambas se han acomodado entre sus hombros y su cuello. Sofía se le pega y aspira profundo su aroma, pero no hace nada más, siempre es la más prudente de las dos.

La demonio no entiende como dos humanas le hacen latir tan fuerte sus dos corazones, porque sí, los angeles y demonios tienen dos corazones a cada lado del pecho, no entiende a que se debe esto, solo en sus inicios había sentido este tipo de empatía por estás escorias humanas con las que a Dios les gusta jugar, pero esto no es como la empatía que alguna vez tuvo, es algo más, algo que ciertamente no le gusta sentir, porque solo significa una cosa, ellas están haciéndola un poco más humana y la debilitan.

Eso quiere decir que no querrá matarlas cuando tenga la oportunidad y no puede darse ese lujo, tiene que deshacerse de ellas y volver al infierno. Ni siquiera debería haber aceptado hacer esta travesía en primer lugar, sino que tendría que haber tomado la primera oportunidad —que fueron varias—, para deshacerse de ellas, aunque Lucifer sería claramente otro obstáculo con el cual lidiar, es bola de pelo cona que ahora también se lleva bien.

—Bola de pelo, quítate que necesito salir de aquí.

Lucifer se quita refunfuñando por haberlo despertado de su sueño y su comodidad. Ella se quita despacio para no despertarlas y sale desesperada afuera tomando una bocanada de aire, intentando calmar los acelerados latidos de sus corazones. Llegan a ella recuerdos que había bloqueado hace tanto que no recordaba —valga la redundancia— que los tenía.

—No, no quiero, no quiero —se lleva una mano al pecho y siente sus corazones latir demasiado acelerados—. No quiero recordar que se sentía amar, no quiero.

—¿Estás bien? —una mano le toca el hombro y ella se asusta volteando rápidamente— Perdón, te asusté.

—Claro que no, soy un demonio, los demonios no se asustan.

—Está bien —Sofía le da una mirada comprensiva, finge creerle y la peli blanca finge que le cree, que le creyó—. Me desperté y no estabas, pensé que había pasado algo.

Padre nuestroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora