Se sentía flotar, como si su cuerpo hubiese perdido todo peso, aun en medio de esos temblores que lo sacudían de manera irregular, como un árbol frágil azotado por el viento. Cada escalofrío que recorría su piel lo hacía estremecerse, como si hubiera un frío profundo que la manta, aunque suave y cálida, no podía disipar por completo. A pesar de la calidez que lo envolvía, su mente seguía un rumbo errático, dispersa como hojas en otoño, llevadas por vientos caprichosos. Era extraño, casi irónico, que justo en ese momento, cuando su cuerpo parecía tan pesado, su mente no lograra encontrar el mismo peso, como si flotara en mil direcciones sin rumbo, atrapada en un torbellino de pensamientos incoherentes.
Aquella energía que lo perturbaba, esa fuerza oscura y resentida que parecía habitar dentro de él, no dejaba de agitarse, murmurando en lo profundo de su ser. Eran susurros llenos de disgusto, palabras que apenas lograba descifrar, pero que se sentían como lamentos silenciosos que enredaban su mente. Esa energía no tenía rostro, pero su presencia era abrumadora, como si se tratara de una sombra que se movía entre los rincones de su conciencia, desdibujando los límites de la realidad. Todo a su alrededor parecía resonar con esos ecos, voces borrosas y conversaciones que no lograba comprender, y aunque se esforzaba por concentrarse, era inútil. Parecía imposible entender lo que estaba pasando. Era como intentar captar la esencia de un sueño, uno que se desvanecía tan pronto como intentaba aferrarse a él.
Se sentía a la deriva, como si estuviera atrapado en un bote frágil en medio de un mar turbulento, mecido por olas implacables que lo empujaban de un lado a otro, amenazando con volcarlo en cualquier momento. Esa sensación de peligro latente lo rodeaba, como si el abismo estuviera siempre al borde de su visión, esperando el instante en que su fuerza flaqueara y cayera, hundiéndose en las profundidades. Pero, de alguna manera, seguía aferrándose, como si en lo más profundo de su ser todavía quedara un pequeño fragmento de esperanza, una chispa que brillaba débilmente en medio de la tormenta. Era esa esperanza la que lo mantenía flotando, luchando por no dejarse arrastrar por completo.
El dolor lo envolvía como una marea creciente, golpeando con más fuerza en ciertos momentos, en especial en su cabeza, donde el latido sordo de una migraña amenazaba con desbordarse. Sentía su piel arder, no con fiebre, sino con una incomodidad extraña, como si la energía dentro de él quisiera escapar, rasgando su cuerpo desde adentro. Deseaba abrir los ojos, salir de esa niebla densa en la que estaba atrapado, pero sus párpados eran pesados, como si estuvieran hechos de plomo. Intentarlo parecía un esfuerzo imposible, un desafío para el cual no tenía la fuerza suficiente.
Sus pensamientos eran como hojas caídas esparcidas por el viento, cada una volando hacia un lugar diferente. No había orden ni lógica en ellos, solo caos. Se preguntó, brevemente, qué le había sucedido. Había una parte racional en su mente que quería levantarse, descubrir qué lo había llevado a ese estado, pero su cuerpo no respondía. Era como si estuviera paralizado por el agotamiento. Todo dolía, especialmente sus pies, que parecían inflamados, hinchados como si hubieran sido aplastados bajo el peso de un entrenamiento extenuante, uno que evocaba los días bajo la mirada severa de Madam Yu en el pasado. Un entrenamiento tan brutal que, incluso en ese estado, su mente lo relacionaba con el dolor que ahora lo consumía.
Su vientre también estaba inquieto, un malestar que se extendía desde el centro de su cuerpo. Era como si algo dentro de él estuviera fuera de lugar, desacomodado. Sintió un golpe interno, como si sus propios órganos se rebelaran contra él, causándole una incomodidad que lo hacía retorcerse en su posición. Se quejó en voz baja, pero las palabras no salieron; solo un gemido suave, casi inaudible. Era difícil ignorar esa sensación, pero luego, como una brisa suave después de una tormenta, una melodía comenzó a sonar a su alrededor. No estaba seguro de dónde provenía, pero la familiaridad de la canción lo hizo suspirar de alivio. Era la misma melodía que había escuchado en algún momento antes, hay una familiaridad presente, pero no encuentra de donde proviene esa sensación de conocimiento. Hay una cueva, está borroso, hay un olor de humedad, siente su frente arder en fiebre, hay un hombre, su rostro está borroso como una bruma, como si estuviera atrapado en un torrencial de agua que empaña su visión, puede distinguir las ropas blancas, y el bordado de unas nubes azules. Esa música, como el abrazo de una madre, el consuelo de un afligido, la caricia de un loto, el beso de un amante, logró apaciguar lo que fuera que estaba agitando su vientre, y por un breve momento, todo pareció aquietarse.
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Latidos Ocultos [MDZS]
FanfictionDurante una conferencia clave para la campaña para derribar el sol, Wei WuXian, el temido Patriarca de Yiling, se desploma en brazos de Jin ZiXuan, causando conmoción entre los cultivadores. Los curanderos descubren un impactante secreto: Wei WuXian...