Lo primero que nota al momento de despertar es la calidez.
Es un abrazo inesperado que sacude cada célula adormecida, cada fragmento congelado de su ser. Ha pasado tanto tiempo envuelto en un invierno perpetuo, donde el frío es su única compañía, que el calor resulta casi una anomalía. Sus venas, acostumbradas a transportar sangre tan gélida como la escarcha, parecen vacilar al recibir esta tibieza desconocida. Su piel, rígida y tensada como si estuviera esculpida en hielo, ahora comienza a suavizarse. Como si un sol lejano que ya fue olvidado, tratara de recordarle lo que significa realmente sentir.
Este calor lo arrastra hacia los recuerdos de su infancia, recuerdos sepultados bajo capas de olvido. Tiempos en que el sol, en su esplendor, marcaba sus tardes animadas junto a los lagos, cuando él no era más que un niño incansable, corriendo por los muelles de su hogar, riendo mientras su hermano menor lo perseguía entre risas y gritos. Recuerda esa sensación abrasadora del sol, el sudor sobre su piel, la brisa primaveral que parecía reír con ellos, refrescándolos en la calidez de la tarde. Recuerda el tacto del sol sobre su piel como algo tan real y vivaz que, por un momento, piensa que aún puede alcanzar esos días con la punta de los dedos.
Es una nostalgia que pesa, que consume, pero también que abraza. Y entonces, el eco de aquellos días se convierte en un puñal lento y afilado: ese mismo sol que le daba vida terminó devorándola. Lo que antes era un refugio de luz se volvió un azote implacable, reduciendo a polvo todo lo que alguna vez amó. El sabor amargo de la ceniza regresa a su boca, un sabor que aún no ha logrado desterrar de su lengua, un recordatorio constante de su pérdida, de aquello que nunca volverá. El espejismo del humo como un recordatorio indeleble de lo que el fuego toma sin piedad.
Desde que entregó su núcleo dorado a Jiang Cheng, ha sido prisionero de una eterna tormenta. Entiende bien que este sacrificio era necesario y nunca se ha arrepentido de su decisión. Si el precio de la seguridad de su hermano era su propia calidez, lo pagaría, una y otra vez, como un guerrero que ofrece su último suspiro al viento, con tal de ver a Jiang Cheng convertirse en el líder que siempre estuvo destinado a ser.
Sin embargo, la energía resentida que ahora corre por sus venas no es como aquella espiritualidad luminosa que antaño lo sostenía. Es oscura, densa, como si estuviera hecha de miles de agujas que atraviesan su piel con cada latido. Su toque, aun en sus momentos más dóciles, no es compasivo; es un hierro frío que se enrosca en sus huesos, un hierro que reemplaza la suavidad de su antigua energía con una presencia impersonal y sombría. Aun así, hay algo extrañamente familiar en esa aspereza; esa energía parece... tolerarlo, como si respetara su determinación, incluso cuando lo consume, incluso cuando lo mantiene enfermo y quebrado.
En esta vida de sombras y sacrificio, apenas recuerda qué significa no cargar el peso de la culpa. Este calor pasajero, este eco de un pasado distante, es una tregua fugaz en medio de su guerra interminable. Pero pronto, el frío regresará y con él, esa voluntad que lo ha mantenido despierto en la noche más larga.
Un leve fruncir de ceño marca su rostro al sentir una incomodidad extraña en el vientre bajo, una sensación inquietante que lo atrae, a pesar de su resistencia, hacia el borde de la conciencia. Los párpados le pesan como si estuvieran cargados de plomo, y aunque todo su ser anhela permanecer en el refugio del sueño, siente que la idea de volver a ese descanso profundo se desvanece, como arena entre sus dedos.
Es extraño. No recuerda haberse recostado para dormir. No recuerda un instante de descanso. Quizás, en algún momento, ¿simplemente se quedó dormido? ¿Será uno de esos episodios en que el cansancio lo vence sobre algún techo cualquiera? Ha sucedido tantas veces que no sería sorprendente, pero esta vez la superficie se siente diferente. No es el frío firme del tejado ni la dureza cruda de un piso de piedra. Esta superficie, aunque firme, tiene una suavidad inusual que le invita a cuestionarse dónde realmente se encuentra.
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Latidos Ocultos [MDZS]
Hayran KurguDurante una conferencia clave para la campaña para derribar el sol, Wei WuXian, el temido Patriarca de Yiling, se desploma en brazos de Jin ZiXuan, causando conmoción entre los cultivadores. Los curanderos descubren un impactante secreto: Wei WuXian...