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—Cariño, te portas bien, ¿sí? Come los vegetales que te den los padres de Lily, ¿sí? —Haewon sacó la lengua ante la mención de los vegetales. Jimin soltó una risa—. Sé que no te gustan, pero intenta.

—Sí, mami.

Jimin miró de nuevo a su hija y le dio un suave beso en su frente antes de dejarla en la escuela. Hoy no iría por ella, Haewon se quedaría a una fiesta de pijamas con su mejor amiga. Jimin conoce bien a los Morrow, han sido cercanos desde que Hae iba al preescolar junto a su pequeña, Lily defiende mucho a Hae, ella misma le ha dicho a Jimin que es como un súper héroe, pero a pesar de ese nivel de cercanía, Jimin todavía sigue siendo algo tímida cuando les habla.

Sabe perfectamente lo que los demás padres dicen de ella. La miran con lástima, es frustrante no poder hacer nada.

A veces mira los mensajes de su madre con fotos que halló de cuando era estudiante, su aspiración de ser doctora reflejado en fotos viejas poniéndole un vendaje terriblemente mal a su padre. Pero ahora solo es un sueño que ella decidió abandonar porque no quería estar lejos de Minjeong.

Algo gracioso porque ella la dejó, y ahora Minjeong la dejó a ella.

Está molesta consigo mismo, ama a su hija, pero al mirarla puede notar rasgos de Minjeong y que es casi un mini clon suyo.

La idea sonaría linda si no tuviera una situación tan mierda.

Fue casi imposible dejar ir lo que siente y sabe que dejaría su orgullo y dignidad una vez la vea.

A veces se preguntaba si no fue suficiente lo que soportó, ¿por qué Minjeong se enojaría con ella? Si ella fue quien la lastimó desde el comienzo, bien, Jimin se enamoró primero porque le encanta ser protectora, pero Minjeong le mintió demasiadas veces, necesitaba al menos intentar estar sin ella.

Sin embargo, ahora que lo tiene, no lo quiere en absoluto. Quiere a su Minjeong idiota con ella, que la abrace y le diga que la protegerá, extraña su protección y su amor irracional que cruzaba los límites de lo sano y correcto. Nadie la mira con esos ojos tan profundos mientras dice lo mucho que la adora, nunca nadie será Minjeong.

Así que solo le queda tentar su suerte y esperarla. Tenían algo, no era perfecto, pero era algo de ellas. Y la extraña, incluso se pregunta si eso arreglará la extraña tensión con su hija, quiere sentirse a salvo y feliz, aunque sea un poco torcido.

Pero ese día que tanto espera, no parece llegar. Taeyeon hizo una pregunta extraña hace unos días, por mensaje.

"¿Todo en orden?"

Jimin insistió en ello, ¿ella sabía de Minjeong? ¿O por qué otra razón diría eso?

Pero no recibió respuesta después de insistir con el tema. Bloqueó el número.

...

Salir del trabajo e ir a casa sin más era aburrido y una tortura estar sola. Junmyeon le había marcado directamente para preguntarle por qué no había asistido a su sesión y Jimin se excusó con que Haewon estaba enferma.

Solo no tenía ánimos de ir. Sabe que se sentiría terrible al reconocer que anhelar a MinJeong no es bueno.

Después de pensarlo mucho, terminó yendo al gimnasio. Al llegar Hoseok solo le dio indicaciones básicas y se fue corriendo porque uno de sus chicos estaba haciendo mal un ejercicio.

Ahora Jimin estaba concentrada en sus golpes, su respiración se sincronizó a la par de sus golpes contra el saco de boxeo. Cada movimiento tenía fuerza y precisión, reflejo de todas las sesiones en las que había venido a liberar el peso que llevaba por dentro. Golpe tras golpe, se iba perdiendo en el ritmo, casi olvidando todo a su alrededor.

Hoseok la miró fijamente y como algo normal en él se acercó a Jimin con cuidado, observando los muslos de Yoo trabajando como deberían hacerlo.

En un momento, mientras Jimin lanzaba un gancho al saco, sintió la mano de Wonho sobre su abdomen, presionando ligeramente, como si buscara asegurarse de que estaba usando la fuerza correcta para ejercitar ese músculo. Instintivamente, Jimin tensó los músculos y se detuvo, agarrando el saco para detenerlo, sorprendida por el contacto inesperado, se giró a Hoseok.

—Vas bien, Yoo —fue lo primero que le dijo, sin mirarla en absoluto, pero cuando subió la mirada se dio cuenta de lo que hizo.

Apartó la mano rápidamente, había invadido un espacio personal sin alguna mala intención, claro, pero no quitaba ese hecho.

—Perdona —rascó su nuca con un toque de incomodidad—. Suelo hacer eso sin pensar con los chicos, por bromas entre nosotros, olvidé que... bueno, lo siento. Qué vergüenza.

Podía entenderlo, los chicos del gimnasio tocaban sus músculos trabajados entre ellos con asombro y reconocimiento, entonces probablemente Wonho olvidó que Jimin no era un chico y trató de ser amigable.

Jimin lo miró unos segundos, sintiendo que la incomodidad de él era genuina y sincera. Wonho siempre había sido respetuoso, y ese toque solo había sido parte de su labor como entrenador y en parte, amigo. Ella asintió, relajando los hombros y esbozando una leve sonrisa para hacerle saber que estaba bien.

—No te preocupes —respondió con un tono tranquilo—. Sé que no fue con mala intención.

Él sonrió, visiblemente más aliviado, y asintió antes de dar un paso hacia atrás.

—Bueno, entonces... ¿lista para continuar? —Preguntó, cambiando la tensión del momento a algo más motivador.

Jimin retomó su posición, levantando los puños y enfocando su mente de nuevo. Aunque el momento había sido breve, la distracción la había hecho soltar algo de la tensión que llevaba encima.

Al finalizar el entrenamiento decidió pasar por un mini super que estaba cerca del gimnasio. Fue a los vestidores y se miró brevemente al espejo, sonrió ligeramente al notar su cuerpo más trabajado.

Eso fue desestresante. Necesitaba golpear algo, estos días no han sido agradables ni amables con ella.

Ajustó su coleta alta y se despidió de Wonho antes de irse de regreso, cansada y satisfecha con su progreso personal. Junmyeon en sus inicios de terapia le recomendó iniciar alguna actividad física, ahora realmente lo entiende.

La serotonina llegó y todo el camino fue tarareando Genie.
Paró en la pequeña tienda de servicio y entró por algunas cosas, después de pagar se quedó a un lado del área para comer y tomó de su bebida energética, no había prisa por llegar a casa, pero entonces casi se ahoga con su bebida.

Fue como ver un fantasma. Inevitablemente torció la piel de su brazo, conteniendo un gruñido de dolor, estaba despierta y no podía estar soñando.

Fue magnético. Como si todo se esfumara en la tienda, entonces se miraron y supo que no era ningún sueño.
Se levantó rígida del asiento y pudo notar que también estaba igual de tensa que ella.

Su corazón latió frenéticamente en su caja torácica.

¿MINJEONG?

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Gracias por leer.

Obsession || WinRina G!PDonde viven las historias. Descúbrelo ahora