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El sonido tranquilo del Jazz de fondo acompañaba los ruidosos y desordenados pensamientos de Minjeong. Mirando fijamente la etiqueta del contenido en su mano.

Su cabeza repitió como un bucle, una y otra vez las palabras de Jennie desde hacía una hora. Había pasado casi una semana desde entonces, y la odontóloga seguía recibiendo esas llamadas sin falta, pero no parecía tener segundas intenciones, Minjeong decidió confiar un poco, después de todo, su cabeza no ha estado muy bien últimamente; se siente como si estuviera escuchando estática y la paz mental la tiene intranquila, no le gusta, no es agradable que su cuerpo se sienta ligero y que su corazón lata con desesperación cada vez que mira su cuerpo en el espejo del baño, mientras recuerda a Jimin. A su Karina.

Es una mujer adulta de 30 años, han sido 24 años desde que encontró a su propia madre muerta, ella era su ancla, lo único bondadoso que este mundo de mierda le había dado, y le fue arrebatado cruelmente. Le tomó tiempo aceptarlo, no hubo nadie que le dijera lo contrario a las crueles palabras de su padre; Minjeong creyó siempre que fue su culpa.

Pensó que era su castigo por nacer así, así de mal.

Y justo cuando estaba por seguir sus pasos, mientras buscaba su paz, su liberación de su asquerosa vida; apareció como un sueño, como un sueño dulce. Yoo Jimin con su gran corazón dispuesto a amarla, a aceptarla. No quiere perderla, Minjeong no quiere, y mientras ha estado con esas drogas, su mente y corazón ya no corren, ya no tratan de alcanzarla, hay una paz extraña, se siente como si estuviera dejándola ir, y la culpa la golpea: ella no quiere que Jimin la deje, pero ella lo está haciendo.

Ahora, Jennie estaba atendiendo a su último paciente del día, así que se encontraba a solas con esos pensamientos y sentimientos, por primera vez pudo sentir los tangibles que pueden sentirse algunas emociones, tan a flor de piel, y es desagradable lo débil que se siente dejando su corazón sin sus capas, sin sus barreras.

Abrió lentamente el pastillero y miró las pastillas dentro, tomó una y la observó fijamente, como si pudiera ver a través de ella. Sintió el tacto, su corazón comenzó a latir y una voz que no parecía ella le gritaba.

Tomó un vaso de agua y la puso en su lengua, sintiendo el sabor amargo al tacto. Cuando el vaso tocó sus labios se miró en el reflejo del refrigerador; sus ojeras parecían nunca haber estado, su piel estaba más hidratada, incluso su cabello se veía mejor, pero su mirada mostraba cansancio y un deseo latente, se sentía físicamente bien, pero emocionalmente era confuso.

Movió la pastilla hasta tenerla entre sus dientes. Mirándola en sus dientes todavía, inclinó su cabeza ligeramente y sonrió enseñando sus demás dientes. A veces debe hacer lo que debe hacer.

Mientras que Jennie salía de su consultorio y despedía al último paciente, escuchó la llave del grifo. Se acercó y vio a MinJeong tomando agua y su frasco de pastillas a un lado del fregadero.

—¿Ya son las 8:00 p.m.? —Miró el reloj en la cocina y se disculpó mientras se acercaba a MinJeong—. Disculpa, creo que me tardé con esa aplicación de resina. Pero veo que ya la tomaste, ¿no?

Minjeong asintió, terminando su vaso de agua. Mientras lo lavaba vio de reojo a Jennie a su lado contando el número de pastillas en el frasco, pareciendo complacida las devolvió y lo cerró. Fingió no darse cuenta.

—Nos pediré algo, iré por mi teléfono.

Sus pasos se fueron alejando, volviendo a dejarla a solas. Sus ojos vieron fijamente el fregadero y sintió su corazón latiendo rápido, una emoción casi olvidada volviendo a ella.

...

—Minjeong-ah, ¿por qué te dieron arresto domiciliario? No tiene sentido por los cargos que mencionas, ¿hubo algo más? Eres abogada, deberías saberlo.

Obsession || WinRina G!PDonde viven las historias. Descúbrelo ahora