En el reino de Luminia, donde humanos, druidas, magos y brujas conviven en una frágil paz, Drus Ágathos, un joven druida de espíritu noble, y Mapia, una doncella de corazón puro, cruzan sus caminos en medio de un conflicto que amenaza con destruir s...
Unos días después, Drus Ághatos se recuperó completamente, por lo que decidieron liberarle. Como no sabía dónde ir, se fue hacia el bosque. El sol apenas asomaba cuando Gónguily, con una expresión de rencor en el rostro, vio y se acercó a Drusito. Su voz, cargada de enfado, rompió el silencio: - ¡Drusito! -lo llamó, con unas palabras llenas de veneno-. Te lo advertí. Mapia no es como nosotros. Ahora mismo está con otro. ¿Te sorprende?
Drusito sintió un golpe en el pecho, como si cada palabra le clavara una espina. Los sentimientos que había tratado de mantener en calma se transformaron en algo oscuro y poderoso. La ira comenzó a arder en él, y, sin decir nada más, se levantó decidido, listo para actuar.
Poco después, un sonido aterrador recorrió el aire en el barrio de los humanos. El ataque de los druidas había comenzado, y entre ellos estaba Drusito, quien se había unido a la causa con un solo propósito: vengarse. Sus pasos lo guiaron hasta el centro del barrio, donde la magia druídica se mezclaba con el grito de los humanos sorprendidos por la violencia.
Lleno de rabia y tristeza, Drusito invocó una antigua técnica prohibida que le otorgaba la esencia de un roble gigante. Su cuerpo se transformó; sus pies se hundieron en la tierra como raíces y su piel se endureció hasta parecer corteza. Cada paso retumbaba como un trueno mientras avanzaba hacia el palacio real, decidido a destruirlo y a derribar el orden humano que tanto despreciaba.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Drusito destruyendo el barrio de los humanos
Sin embargo, justo antes de que pudiera descargar toda su furia contra el palacio, una figura se plantó frente a él. Era Mapia, con el rostro lleno de dolor. Alzó una mano y le gritó: - ¡Drusito, espera! Hay algo que no sabes… Sus palabras parecieron detener el tiempo. Drusito, aún en su forma de roble, la miró confundido. - Mapia… -murmuró, en un intento de entender sus propios sentimientos.
Mapia dio un paso adelante y le contó toda la verdad sobre su relación con Plaisio, y sobre cómo sus sentimientos por él eran sinceros, pero nunca pensó en lastimarlo. Drusito, herido y avergonzado, sintió cómo su corazón se partía en mil pedazos. Sin decir nada más, se dio la vuelta y se alejó, rumbo a lo desconocido, donde los druidas que habían cometido errores imperdonables iban a vivir en soledad. Pero su retirada no detuvo la batalla, y los druidas, llenos de furia por años de opresión, siguieron con el ataque. Las paredes del palacio comenzaron a caer y, con un estruendo que sacudió el suelo, el árbol sagrado, corazón de Luminia y de su barrera mágica, se desplomó.
La barrera mágica que protegía al reino se rompió en mil fragmentos invisibles, dejando a Luminia vulnerable. El sacrificio del árbol sagrado fue el golpe final, una señal de que los tiempos de paz y estabilidad habían llegado a su fin. Mientras Drusito desaparecía en la profundidad del bosque, un aire frío se apoderó del reino. El destino de Luminia quedaba ahora en manos de un futuro incierto, sin el escudo que una vez los protegió, y con una herida en el alma del reino que podría tardar mucho en sanar.