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Cuando somos jóvenes y rondamos esas edades absurdas (principalmente los catorce y los trece), nunca sobrepensamos las cosas 'sencillas” a la vista, porque, ¿para qué hacerlo si era más importante jugar con las bicicletas, el lodo y las barbies

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Cuando somos jóvenes y rondamos esas edades absurdas (principalmente los catorce y los trece), nunca sobrepensamos las cosas 'sencillas” a la vista, porque, ¿para qué hacerlo si era más importante jugar con las bicicletas, el lodo y las barbies

Pero bueno, Samantha es una niña que simplemente no se consideraba normal. Desde que era muy pequeña la habían catalogado como inteligente, delicada y una hija buena; simplemente perfecta. Pero todo lo bueno tiene su lado malo, y el lado malo de Sam era su vecino. Francisco Felix.

Un jovencito de apenas catorce años al que no le gustaba usar trajes , ni trae el cabello levemente ordenado; tampoco le gustaba estudiar, ni ser organizado.

Era horrendamente raro, según sus padres. Por eso, cuando ambos quedaron en la misma aula en séptimo grado y la pequeña Samantha llegó emocionada por las travesuras de aquel chico con ojos color cafe, sus padres le dieron una única advertencia:

—No te juntes con ese niño, Samy. Es demasiado hiperactivo para ti. —Su padre acomodaba sus gafas mientras leía el periódico, y su madre tan solo asintió a lo dicho por su esposo.

—Haznos caso, cariño. No le veo nada bueno. Mejor sigue jugando con la niña de los Garza, que ella sí se ve de buena crianza.

Pero vamos, ¿quién le hace caso a esas advertencias? Porque todos sabemos que amenaza es igual a tentación; es simple ley humana. Nos atrae lo prohibido. Por eso, cuando vio a aquel pelinegro aplastar un lagarto con sus diminutos zapatos negros un viernes por la mañana de camino al colegio, no pudo aguantar las ganas de hablarle.

—¡Oye, es un pequeño animalito! ¡No seas malo! —Su labio se había abultado un tanto, mirando con pena el pequeño cuerpo triturado.

Félix, que lo miraba todo serio, soltó una pequeña risa antes de arrastrar su zapato por el asfalto para limpiar la suela. —¿Y a ti qué diablos te importa, eh? —Dio media vuelta para seguir caminando, pero fue detenido inmediatamente por la niña más bajita. —¿Qué quieres? —Rodó los ojos - ¿Es que acaso eres burra? ¡Ya es tarde! ¡Me van a cerrar la puerta! -

—¡Eres un grosero! ¡Mi papá tenía razón! — Golpeó el suelo con sus zapatitos rosa chillón, que inmediatamente encendieron en luces cálidas, haciendo que se sonrojara ante lo infantil que se vio.

—¿Razón en qué? ¿En que no soy un niño de papi y mami? —Se había acercado de a poco hasta que su nariz se rozara con la de la bajita. Esta la miraba atónita y con miedo, deseando que su amiga Amairani apareciera y la salvara del lío en que se había metido.

—N-no... —Trató de hablar, pero simplemente no le salía la voz. Esos grandes ojos la observaban de arriba a abajo mientras Félix mantenía una sonrisa ladina. Parecía que iba a decirle algo, pero justo llegó otra chico, casi del tamaño del pelinegro, con el cabello rubio y labios bonitos y atractivos.

—¡Felix, se nos hará tarde, idiota! —Lo jaloneó sin pena alguna, haciendo que los ojos de Félix finalmente se apartaran de la castaña. —La profesora nos matará por tu culpa.

—Lo que digas, Ethan. —Pero antes de irse, se acercó despacio al oído de la menor y soltó una risita. —En el aula del edificio B, a la hora del almuerzo, Rivera.

Y sin más, la dejó allí, aturdida

delante de su amiga, que estaba con la cara agachada y avergonzada

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delante de su amiga, que estaba con la cara agachada y avergonzada. —No irás hasta allá, y si lo haces voy contigo. Ya le he ganado antes al tonto de Osvaldo en tercero, ¿te acuerdas? ¡Fue como pium, pium! —Hizo un amago de puños en el aire, como si fuera boxeadora.

—¡Chu, ese día fuimos a la enfermería porque de una bofetada te quitó tu diente de leche! —

La miró seria Además, me da curiosidad. No tengo más amigos aparte de ti, quiero que sea mi amiga.

—¡Serás burra! —Se sentó a su lado de nuevo — Si te haces amiga de esa y de la tontita que tiene complejo de Burbuja de las chicas superpoderosas pero versión creepy, ten por seguro que te meterán en las drogas. —Le dio

una mirada sabia.

—Ama ¡Si mi mamá te escucha decir esas cosas no te dejará ser mi amiga, lávate la boca! —Frunció el ceño mientras la señalaba. —¡lrás conmigo, quieras o no! Si vemos que son más
raros de lo normal, entonces nos vamos.

—¿A quiénes les dicen raros, marranas? —Como si hablaran del diablo, justo aparecieron los susodichos , que las miraban con mala cara, como si fueran a pegarles.

—A-ah... —Ama se aferró a su mochila de Hello Kitty, tratando de que su boca no dijera otra palabra. —Ahm... Samy, vamos, es hora del almuerzo.

—La enana se queda. —Felix  se puso delante de ambas, notando cómo les temblaban las piernas.

Ineptas.

—Y tú también. —Esta vez fue Ethan quien ordenó, poniéndose al lado de la Ama mayor y tratando de seducirla como le había enseñado Félix.

—Si volvemos a escuchar que nos llaman raros, tendrán que darnos un beso a cada uno. —Puso su pie al lado de Samantha, encima de la banca, mientras el otro lo dejó en el pasto. La pequeña,
que la miraba asustada, tragó saliva.

—¡¿Qué?! —Ama corrió hacia Samantha para jalarla del brazo e intentar escapar. —¡No sean más raros y déjennos tranquilas!

—¡Acabo de decir que no nos digan raros! — Félix tomó el mentón de Sam sin voltear para ver a ama mientras le hablaba. La castañita tenía los ojos brillosos y maravillados. —Si lo dices de nuevo, las besaremos.

—¡Raros, raros, raros, ra-! —Y justo fue interrumpida por los labios tímidos de Ethan, que le había dado un piquito cerca de los labios. Ama se quedó mirándola con los ojos abiertos, sin poder creerlo. —¡Ew! —El rubio le dio otro.

Félix, mientras, soltó una risa escuchando el forcejeo detrás de el, antes de acercarse a la bajita que tenía entre manos, cuyas mejillas estaban apretadas entre sus dedos, haciendo que sus labios sobresalieran.

Sin esperar nada, unió sus labios a los de ella, haciendo que la respiración de la menor se paralizara del todo.

¡Oh Dios mío!

¡Oh Dios mío!

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𝐁𝐨𝐨𝐛𝐬❝ʳⁱᵛᵉʳᵈᵘᶜᶜⁱᵒⁿ❞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora