06

550 23 3
                                        

—Por lo tanto, si sumamos el primer término con el segundo y damos la última división con el denominador dos, nos dará el sigu

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

—Por lo tanto, si sumamos el primer término con el segundo y damos la última división con el denominador dos, nos dará el sigu...su mente se mantenía nublada, era la primera vez que no prestaba atención a una de sus clases favoritas.

No hacía más que mirar hacia la ventana para ponerse a reflexionar sobre los sentimientos que últimamente la habían estado invadiendo.

Invadiendo y mojando. Mojando mucho.

Volvió a removerse en su asiento, haciendo que Abril (su compañera de matemáticas) la observara por onceava vez en el día.

—Sam, ¿te encuentras bien? — medio susurró, tratando de que su incógnita llegara a oídos de su flamante amiga que últimamente parecía orbitar en el mundo imaginario de Platón. — Llevas estos días actuando muy extraño, tonta de mierda.

—i¡Cállate! — su pequeño golpe en el hombro de la contraria y el grito no tan alto que pegó hizo que algunas miradas se centraran en ellas, pero no las suficientes. Al menos no la del maestro. — Sólo no tuve una buena noche.

—¿Te lo metió Félix por fin o qué?

Las palabras tan vulgares salidas de esos labios tan finos hicieron que Samantha soltara un jadeo demasiado alto, tan alto que esta vez no se salvaron de su profesor quien no perdió la oportunidad de reprimir a la mayor:
— Señorita Garza, si hoy también seguirá con sus malcriadeces le recomiendo que vaya saliendo del aula. No tengo la paciencia de joder con jovencitas hoy.

Esta solo resopló mientras tomaba su bolsa un tanto extravagante. Volteó a ver a la rubia mientras se ponía de pie, susurrando de manera no tan baja el siguiente mantra: — Bien, mejor para mí. Así me pierdo está puta clase de mierda, señor Hang. — sin más que decir solo dejó el murmullo de sus tacones atrás al cerrar de un portazo la puerta de madera.

Joder.

— Y usted, señorita Rivera, espero que no se descarríe con esas malas amistades que va teniendo. Como decía, para llegar a la fórmula general tenemos que... — con eso volvió a centrarse en la pizarra.

Pero ella no podía. No podía centrarse.

"Espero que no se descarríe.”

El timbre la sacó de sus pensamientos, logrando que en automático simplemente tomara su bolso de Jansport sin siquiera ponérsela a los hombros para partir de allí.

Se sentía culpable por tener los muslos resbaladizos, los ojos avellanas tan pendientes, sus labios carnosos tan al rojo vivo como si Félix la besara todos los días. Porque lo hacía pero siempre era en broma.

Porque sus toques eran en broma, ¿verdad?

Al encontrarse en el pasillo decidió dirigirse hacia la biblioteca que proporcionaba el recinto, tratando de centrarse en eso y no en otros asuntos que no deberían ser importantes. Cuando por fin logró posicionarse en un lugar algo apartado, sacó su teléfono móvil y unos dos libros que tenía pendientes. El Extranjero y Pequeñas Alegrías.

𝐁𝐨𝐨𝐛𝐬❝ʳⁱᵛᵉʳᵈᵘᶜᶜⁱᵒⁿ❞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora