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Sakura salió del taller de Sasori con el corazón acelerado. Las palabras que él había dicho se repetían en su mente una y otra vez. Era extraño pensar que alguien como Sasori, quien parecía tan seguro de su inmortalidad y de su decisión de convertirse en una marioneta, pudiera albergar dudas... y sentimientos tan profundos.

Regresó a su habitación, pero no podía quedarse quieta. Se sentía inquieta, como si algo dentro de ella estuviera cambiando. Había algo que no podía ignorar: Sasori era más que un maestro para ella, más que un compañero en Akatsuki. Él la había salvado, la había protegido y, de alguna manera, le había mostrado una faceta de sí misma que ni siquiera sabía que existía.

Al día siguiente, Pain los convocó para una reunión. Sakura llegó temprano, con la cinta cubriendo sus ojos y el anillo de jade brillando en su dedo. Deidara y Hidan estaban discutiendo sobre algo trivial, mientras Kakuzu los ignoraba por completo. Tobi, como siempre, hacía bromas que nadie quería escuchar.

Sasori llegó poco después, manteniendo su distancia habitual, pero sus ojos se encontraron brevemente con los de Sakura. Aunque no podían hablar abiertamente delante de los demás, el pequeño gesto fue suficiente para calmar su inquietud.

—Hoy es un día importante —anunció Pain con su tono autoritario, interrumpiendo cualquier conversación—. Necesitamos enviar equipos a vigilar los movimientos de las naciones aliadas. Sasori, Sakura, ustedes irán juntos nuevamente.

Deidara lanzó una mirada de burla hacia Sakura, pero no dijo nada. Tobi, en cambio, se inclinó hacia ella y susurró:

—Vaya, parece que siempre están juntos, ¿no crees? Qué lindo.

Sakura lo ignoró, pero sintió un leve calor en sus mejillas. Sasori, por su parte, no reaccionó, manteniendo su expresión fría e imperturbable.

Una vez que se les asignó su misión, ambos partieron sin perder tiempo. El camino era largo, pero la familiaridad entre ellos hacía que el silencio fuera cómodo.

Mientras caminaban por un bosque espeso, Sasori finalmente rompió el silencio:

—¿Cómo va tu entrenamiento con el Byakugō?

Sakura tocó instintivamente la cinta sobre sus ojos.

—Va bien. Todavía me cuesta equilibrar el consumo de chakra, pero estoy mejorando. —Hizo una pausa antes de añadir—. Gracias por haberme ayudado.

Sasori la miró de reojo, pero no respondió de inmediato. Después de un momento, murmuró:

—No tienes que agradecerme.

Sakura sonrió, una sonrisa pequeña y tímida que no pudo contener.

Más tarde, al llegar a una pequeña aldea para descansar, decidieron establecerse en una posada. Sasori insistió en que ella tomara la habitación más cómoda mientras él se quedaba despierto para vigilar.

Durante la noche, Sakura no pudo dormir. Algo la empujó a salir de su habitación y buscarlo. Lo encontró en una pequeña sala común, sentado junto a una ventana y observando la luna llena.

—¿No puedes dormir? —preguntó Sasori al notar su presencia.

—No. —Sakura se acercó y se sentó a su lado—. ¿Tú tampoco?

𝐃𝐎𝐋𝐋 // 𝐒𝐚𝐬𝐨𝐬𝐚𝐤𝐮Donde viven las historias. Descúbrelo ahora