Intuición

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Los días siguientes transcurrieron como una niebla densa e interminable, una rutina fría y mecánica que casi parecía diseñada para borrar cualquier atisbo de individualidad. Las pruebas, los análisis y las observaciones eran constantes, como si los humanos intentaran arrancarnos algo más que datos. No me sorprendía. Este lugar tenía una manera particular de recordarte que no eras más que un experimento para ellos. Algo que podían ajustar, reparar o desechar según les conviniera.

Mi adaptación al AbsoluteSolver había sido, según sus palabras, "impecable". Ellos lo decían con esa satisfacción vacía que tanto les caracterizaba, como si mi capacidad para asimilar esta abominación fuera un logro suyo y no mío. Pero yo lo veía diferente. Sentía el AbsoluteSolver como una presencia extraña dentro de mí, un parásito enredado en mi programación. Era poderoso, sí, pero también inquietante, como un cuchillo afilado que alguien había colocado en mis manos, esperando a ver cómo lo usaría.

Los drones a mi alrededor parecían... cambiar. Algunos lo abrazaban con un entusiasmo casi infantil, como si hubieran encontrado algo que les daba propósito. Otros lo manejaban con cautela, conscientes de lo que significaba. Yo me mantenía al margen, observando. Si algo he aprendido es que a veces, la paciencia es la mejor arma.

Habían pasado dos semanas desde que conocí a Nori y Yeva. Dos semanas desde que sus expresiones de sorpresa al ver mi número me dejaron con más preguntas que respuestas. Pero, curiosamente, aún no quería saber la verdad detrás de esa cifra. Era una curiosidad latente, una pieza del rompecabezas que sabía que necesitaría eventualmente. Pero, por ahora, prefería centrarme en otras cosas, como entender la dinámica de este lugar y cómo encajaba yo en todo esto.

El día que conocí a Nori y Yeva quedó marcado no solo por el descubrimiento de mi número, sino también por una pequeña pero significativa interacción con uno de los humanos. Mientras me alejaba de ellas, un trabajador apareció de repente, su expresión severa y su voz cortante.

—¿Qué están haciendo? —preguntó, con ese tono autoritario que los humanos siempre parecen llevar incrustado en su ser.

Yeva fue la primera en responder, con su habitual indiferencia.

—Solo estábamos ayudando a la novata con el Solver. Nada importante —dijo, rodando los ojos como si el hombre no mereciera ni una pizca de su atención.

Nori añadió su propio comentario, igualmente despectivo.

—Sí, no es para tanto. ¿Por qué te alteras?

Sus actitudes me recordaron que no todos aquí estaban dispuestos a someterse sin más, pero también entendí que esa irreverencia podía ser peligrosa. Así que decidí intervenir antes de que las cosas escalaran.

—Lamento cualquier malentendido —dije con calma, mi tono formal y controlado contrastando con la actitud despreocupada de las otras dos—. Nos indicaron que debíamos familiarizarnos con el AbsoluteSolver, y busqué ayuda en quienes tienen más experiencia.

El trabajador pareció relajarse un poco ante mi explicación.

—Bueno, si lo pones así, está bien, pero no se alejen tanto al rincón. Recuerden que...

—Sí, sí —lo interrumpió Nori, visiblemente molesta—. Tienen que examinarnos y ver cómo vamos con el Solver. Solo... vete a hacer tu trabajo.

El humano la miró con desaprobación, pero no dijo nada más. Antes de que se retirara, algo captó mi atención: una llave colgando de su cinturón. Era pequeña, insignificante a simple vista, pero en un lugar como este, incluso los detalles más triviales podían marcar la diferencia. Memorizarla fue un acto reflejo, una nota mental para el futuro.

Murder Drones "Futuro"Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora