_NUEVE_

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Nora

Me había puesto un broche con cámara para mostrar evidencia por si nos llegan a atacar.

-Mis amores apresuren se, tenemos que llegar a tiempo-. Trate de sonar lo más tranquila posible, no quiero que mis hijas se sientan en peligro o entren en pánico. Terminé de empacar y sostuve a Brahms para irnos, deje las cosas y a Brahms en el pasillo mientras me aseguraba que todos nuestros papeles que mostrarán alguna pista de a dónde íbamos fuera destruida, tome mi teléfono y marque sonó una voz en la otra línea.- Primo nos encontraron envía a policías y una ambulancia por si acaso-. Colgué y fui por mis cosas al pasillo, tome a Brahms en brazos y salí.-Niñas vámonos será un viaje largo-. Las vi salir de su habitación, le di el muñeco a Hanna y se pusieron detrás de mi y comenzamos a caminar.- Será divertido al luga-. Apenas pude pronunciar la palabra cuando sentí un golpe tan fuerte en el estómago que me hizo caer sin aliento.

-¡MAMÁ!-. Escuché a Ángel gritar y vi a Hanna asustarse.

-Valla que si se escuchó bastante fuerte-. Oh mierda, ¿me golpeó con un poste de metal?.-Hola pequeñas zorras ¿Extrañaron a su verdadera mami?-. ¿A qué hora entraron?- Papi se pondrá muy feliz. ¡Oye Norman, aquí están las perras!-. Trate de levantarme y puse a mis hijas detrás de mi; escuché pasos acercandose. Estamos en problemas.

-Que lindas se ven mis hijas-. Maldito pedófilo.- Papi las extraño mucho-. Sonrió de manera tan asquerosa y vio a Ángel yo solo la cubrí más con mi cuerpo.- Sobre todo a ti Angel-. Que asco.

-¿Qué quieren?-. Los mire desafiante.

-¡Ay! Querida Nora ¿no te lo dije por teléfono?-. Puta madre.- Pero antes queríamos hablar-. Tengo que hacer tiempo en lo que llegan los policías.

-Esta bien, es por aquí-. Los iba a llevar a una pequeña sala en donde antes había un billar, sinceramente a mí no me gusta y las niñas tampoco, así que, lo mandé a quitar cuando remodelaron la casa y lo convirtieron en una pequeña sala. Puse a las niñas frente a mi y cuando llegamos otra vez las puse detrás.- Entren por favor-. Iba a indicarles a las niñas que se fueran pero ellos se me adelantaron.

-Tambien queremos estar con las niñas-. Habló el maldito pedófilo. No quería hacerlos enojar ahora así que las hice entrar conmigo. Todos nos sentamos y ellos hablaron primero.- Lo que queremos es que hagas una carta que indique que dejas a nuestra custodia a las niñas y que estamos capacitados para cuidarlas, así volveremos a nuestros trabajos. A cambio nosotros te daremos medio millón de dólares para que te diviertas, eres muy joven todavía y si nos las das puedes recuperar tu vida de soltera, conocer a alguien, casarte y tener hijos propios; te librarás de todos los problemas. Serás libre-. Lo mire con repudio.

-Estas niñas son mis hijas, el juez dijo que yo soy lo suficientemente capaz de cuidarlas y darles una vida digna, ustedes por otro lado les dieron una orden de alejamiento y están incumpliendo más de una ley. Entraron sin mi consentimiento a mi casa, me agredieron físicamente además de que  hicieron una llamada para amenazarme-.

-¿Y quien te va a creer todas esas barbaridades? Nosotros solo vinimos para recuperar a nuestras hijas-. Habló Isabella.

-Tengo pruebas-. Hablé decidida.

-¿Qué pruebas?-. Sonreí e Isabella miro mi broche. Mierda ya se dio cuenta.-¡MALDITA HIJA DE PERRA!-.

-¡CORRAN!-. Empuje a mis hijas hacia la puerta pero un golpe en mi espalda me hizo caer.

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