Draco Malfoy

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"Sábanas Blancas" /Inspirado en 'Sabanas Blancas' de La Santa Grifa y 'Burbujas de Cristal' de Cartel de Santa

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Burbujas de Cristal

Los pasillos de Hogwarts siempre estaban llenos de susurros, rumores que viajaban más rápido que la magia misma. Y en los últimos meses, un tema en particular parecía ser recurrente: Draco Malfoy y ___, dos figuras que, en apariencia, jamás deberían haber coincidido.

Draco, con su porte aristocrático y su actitud de superioridad, siempre había sido el centro de atención, el hijo perfecto de una de las familias más influyentes del mundo mágico. ___, por otro lado, no compartía ni su linaje ni su visión del mundo, pero sí una cosa: el deseo de escapar de las cadenas que la sociedad les había impuesto.

Lo que comenzó con miradas furtivas en el Gran Comedor y roces accidentales en los pasillos, pronto se convirtió en encuentros secretos en la Sala de los Menesteres. Era su refugio, su escondite, el único lugar donde podían ser ellos mismos sin el peso de sus apellidos o el juicio de sus compañeros.

—No deberíamos estar haciendo esto —murmuró ___, su voz entrecortada mientras Draco atrapaba su muñeca y lo acercaba con una sonrisa ladeada.

—Y sin embargo, aquí estamos —susurró el rubio, sus dedos deslizándose por la tela de la túnica del otro, recorriendo cada detalle de su silueta.

El mundo afuera se desmoronaba, pero dentro de esas cuatro paredes, ellos eran intocables. En sus momentos juntos, todo lo demás desaparecía: el miedo, la incertidumbre, los prejuicios. Eran dos almas atrapadas en una burbuja de cristal, conscientes de que en cualquier momento podría romperse, pero sin intención alguna de detenerse.

Draco, con su fachada fría, se descubrió más humano en la presencia de ___. Encontró en él una razón para sonreír genuinamente, para desafiar su destino. Y ___, siempre tan calculador y distante, se permitió por primera vez soñar con un futuro donde no todo estuviera dictado por la sangre o el apellido.

Pero el problema con las burbujas es que tarde o temprano estallan.

La presión exterior aumentaba. Las cartas de Lucius Malfoy se volvían más exigentes. Los ojos de los compañeros de Slytherin se volvían más suspicaces. Y Draco, por mucho que intentara luchar contra ello, sentía cómo el peso de su familia lo arrastraba de vuelta a la oscuridad.

Una noche, después de un encuentro donde los besos supieron más a despedida que a deseo, ___ supo que algo iba a cambiar.

—Si me pides que me quede, lo haré —dijo en un susurro, su voz cargada de promesas que Draco no podía permitirse aceptar.

El Slytherin desvió la mirada, su mandíbula apretada, sus manos temblorosas. Él también quería quedarse. Quería seguir viviendo en esa burbuja, seguir soñando con un mundo donde podían estar juntos sin miedo.

Pero el miedo existía.

Y al final, fue ese miedo el que ganó.

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Sábanas Blancas

El final llegó sin dramatismos.

No hubo gritos. No hubo súplicas. Solo un silencio que dolía más que cualquier hechizo.

Draco desapareció de la vida de ___ como si nunca hubiera existido. Sus encuentros en la Sala de los Menesteres se volvieron recuerdos distantes, los roces accidentales en los pasillos fueron reemplazados por indiferencia, y las noches de insomnio ahora se pasaban en soledad, envuelto en sábanas blancas que alguna vez habían sido testigos de sus momentos más íntimos.

Las canciones que solían compartir se volvieron insoportables de escuchar. Y entre ellas, una en particular resonaba en su mente con una amargura que antes no tenía:

"Y para que negarlo nene, traté de olvidarte. Pero no lo consigo, me tienes a tus pies. Que no vez que tal eres mi castigo"

___ lo veía en cada rincón. En las clases de Pociones, donde ya no sentía la mirada fija de Draco en su nuca. En el Gran Comedor, donde su lugar en la mesa de Slytherin parecía más lejano que nunca. En los jardines, donde solían sentarse juntos bajo la excusa de discutir trabajos.

Sabía que Draco lo extrañaba también. Lo veía en la forma en que su mirada se perdía en el suelo cuando sus caminos se cruzaban. En cómo sus manos temblaban ligeramente cuando pasaban demasiado cerca el uno del otro. En cómo parecía debatirse internamente cada vez que ___ lo miraba fijamente, esperando, deseando que rompiera el silencio.

Pero Draco nunca lo hizo.

Y ___ dejó de esperar.

"Rompe mi corazón, anda ven. Quiero sentirte por última vez. Sábanas Blancas. Nubes de humo en la habitación"

Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses. La guerra llegó, se llevó demasiado, dejó cicatrices invisibles que ninguno de los dos podía borrar.

Y cuando todo terminó, cuando Hogwarts volvió a abrir sus puertas después de la batalla, ___ regresó a su habitación por primera vez en meses, sintiéndose más vacío que nunca.

La cama seguía igual. Las sábanas blancas estaban intactas.

Solo que esta vez, la ausencia de Draco se sentía más real.

No volvería.

No volvería a tocar su piel, no volvería a perderse en sus ojos, no volvería a reír con él en la madrugada mientras el resto del mundo dormía.

—Te odio —susurró al aire, con la voz rota, con la garganta cerrada. Y era una mentira.

Lo amaba.

Lo amaría siempre.

Y aunque ahora las sábanas fueran frías y vacías, aunque su mundo estuviera en ruinas, ___ sabía que en algún rincón del universo, en algún fragmento del tiempo, su burbuja de cristal seguía existiendo.

Y en ella, aún estaban juntos.

"Son varias las noches que paso pensando si te volveré a ver. Aún tengo el recuerdo de tu sonrisa y de lo suave que es tu pelo. Conozco tu fragancia favorita y hasta la parte más íntima de tu cuerpo."






















Anuló cualquier maldición o manifestación 🥺



𝑶𝒏𝒆 𝑺𝒉𝒐𝒕𝒔 - [𝑯𝒂𝒓𝒓𝒚 𝑷𝒐𝒕𝒕𝒆𝒓] «𝑴𝒂𝒍𝒆 𝑹𝒆𝒂𝒅𝒆𝒓»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora