Los días no volvieron a ser lo mismo para Cristian.
Al principio, sobrellevo con aparente calma la ausencia de Heung-Min y su hija, Hwan. Se aferro a su rutina, intentando mantener su cuerpo agotado para que su mente estuviera silenciada, solo así logró que aquel beso de despedida quedara suspendido en algún rincón de sus pensamientos, sin nombre, sin peso y sin un lugar al que pertenecer.
La vida continuo su curso como si aquel instante en el hospital nunca hubiera existido, ambos parecían haber decidido no hablar de ello. Hwan se convirtió en el único nexo entre ellos, en cada llamada la niña llenaba aquellos espacios incomodos con sus ocurrencias y juegos.
Y así, sin quererlo, las conversaciones profundas se volvieron un lujo inalcanzable. Aun así, Cristian contaba las horas de las semanas esperando que llegara el domingo, el único día en que la señorita One y su padre podían conectarse por más de una hora. Para él, el domingo se volvió sagrado. Nadie que intentara llamarlo a las ocho de la mañana obtendría respuesta.
El pobre de Licha lo comprobó en carne propia cuando, desesperado por compañía, lo llamó para contarle sobre su lesión, esperando que Cristian le cebara unos mates mientras cumplía con el reposo. Pero Cristian no respondió hasta cuatro horas después. Solo le contestó para desearle una pronta recuperación y, de paso, advertirle que si volvía a llamarlo tantas veces a esa hora, él mismo se encargaría de romperle la otra pierna.
Obviamente, su amigo de la infancia tomó con humor la advertencia y le respondió con bromas, asegurándole que la próxima vez que quisiera salir para olvidarse de cierto coreano, lo iba a sacar a patadas por el culo.
Era completamente otra persona cada vez que esa pantalla se encendía y, del otro lado, aparecían padre e hija. La pesadez en su pecho se volvía polvo y se desvanecía. La sonrisa en su rostro era imposible de borrar, porque en esos momentos el mundo pasaba a un segundo plano; solo importaba escuchar con atención las anécdotas de la niña y en ocasiones mirar de reojo al otro hombre, que siempre parecía agotado.
A veces, en medio de las videollamadas, Sonny se quedaba dormido, y entonces Hwan aprovechaba para contarle cosas que, en su inocencia, no lograba comprender del todo. Le decía cómo algunas señoras reprendían a su padre por su culpa, por no ser una niña obediente. Con la dulzura de quien aún no entiende el peso de las palabras, le confesaba que se esforzaba el doble en los estudios para no avergonzarlo, sin embargó sus esfuerzos no se reflejaban en las notas.
Con el tiempo, las críticas constantes hicieron mella en la pequeña y las llamadas comenzaron a espaciarse. En la última conexión, Sonny parecía mas retraído que de costumbre, Su expresión, sombría y agotada, transmitía una angustia que no podía ocultar. Finalmente, con un hilo de voz, le pidió ayuda, sin saber qué más hacer.
—Ha cambiado murmuro angustiado— No es mi bebé... es otra.
Obligado por el club, Cristian tuvo que postergar su viaje hasta el receso de la temporada. Más de una vez se le pasó por la cabeza hacer algún movimiento brusco dentro de la cancha, lo justo para necesitar asistencia médica y encontrar la excusa perfecta para escaparse a Corea. Pero no podía traicionar la confianza de sus compañeros. Era el capitán, y su deber era mantener viva la esperanza en el equipo, aunque tuviera que arrastrarlos o amenazarlos para que dejaran el alma en esos 90 minutos.
Así que, con la frustración enredada en la garganta, jugó cada partido con los dientes apretados, pateando la pelota con furia contenida, descargando en ella su impotencia, como si golpeara la cabeza de los dirigentes que lo mantenían atrapado en Londres cuando su corazón estaba a miles de kilómetros de distancia.
Cuando finalmente obtuvo el permiso para viajar, Cristian no pegó un ojo en todo el vuelo. Su mente iba a mil por horas, repasando cada detalle de su próximo encuentro con Sonny. Sabía que debía controlarse para no dejar que sus emociones lo dominaran. No quería ser un hombre impulsivo, sino alguien en quien Sonny pudiera apoyarse.
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TARJETA ROJA
De TodoCuti dice que es todo pelota, pero el arbitro no se dejara convencer tan facilmente. Cuti dice que el arbitro esta comprado, sus compañeros creen que esta obsesionado. Acompañame en esta nueva mini-historia cutison y descubrir si nuestro protagonist...
