Personajes principales: Lara y Cintia (Ambas OCs propios)
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La noche traía consigo una suave brisa que chocaba contra el vidrio de una habitación. Una pequeña vida se encontraba ahí; su blanco cabello y ojos rojos le daban un aspecto terrorífico para muchas personas que no estaban familiarizadas con el albinismo y, aun así, la mujer que la estaba arropando en su cama la veía con el amor y la dulzura que solo una madre podría tener por sus retoños.
G—Mami, ¿dónde está mamá?
C—Tu mamá trabaja hasta tarde hoy.
G—Oh...
C—No te sientas triste, amor, volverá para la mañana; le podrás mostrar tu hermoso dibujo antes de ir al colegio. ¿Sí?
G—Está bien...
C—Sé que estabas emocionada por verla, pero sabes que a mamá y a mí no nos gusta verte triste -La mujer deslizó sus dedos entre los blancos cabellos de aquella pequeña, con una dulzura que calmaba cualquier pena de la inocente infante- ¿Quieres que te cuente un cuento?
La pregunta fue un pequeño, pero poderoso detonante. La niña se emocionó al punto de sentarse de golpe con una amplia sonrisa en su rostro y un brillo en sus ojos que derretía el corazón de su mami.
G—¡Sí! Uno de un valiente guerrero que vence a un enorme dragón.
C—Jejeje... Claro que sí...
La mujer se fue a la repisa donde guardaban los libros de su nena. La mano donde tenía el anillo de matrimonio se deslizó sobre la madera de la estantería, hasta que una idea la hizo apartar su mano de esta y volvió su vista a la niña en su cama.
C—¿Sabes? Acabo de recordar una historia que te puede gustar, ya que tu mamá también es una guerrera.
G—¿Ah si?
C—Así es... ¿Te gustaría oír una historia de ella en su lugar?
G—¡Siiiii!
C—Okay, okay. Mmmmh... Déjame recordar...
Su mente se dispuso a repasar los varios recuerdos junto a su esposa, incluso llegando a los tiempos donde no tenía el gusto de llevar los anillos a juego que llevaban hoy en día. Su mente se logró detener en un recuerdo particular que la llevó a una sonrisa en su rostro.
C—Hace mucho tiempo, en un lugar muy muy frío, vivía una joven Lara...
G—¡Mamá!
C—Así es, corazón. Mamá viene de un lugar muy distinto. Donde vivía todo siempre era blanco; la nieve podías verla hasta que tus ojitos no pudieran ver más lejos.
Mientras le narraba la historia a su querida hija, en su mente todo parecía volver a proyectarse como si de una película se tratase. Pudo ver el frío paisaje de las calles sin igual del país de la cerveza y la papa. La invernal Alemania de antaño que pudo casi provocar un escalofrío recorrer su piel. Junto a ella, en aquellas frías calles nevadas, la figura de un hombre se hizo presente desde sus más guardados recuerdos. No era alguien que le encantara recordar; sin embargo, tener a Tahiel en su vida fue, ciertamente, una experiencia. Un hombre alto, delgado pero musculoso, con esos ojos negros igual que su cabello. Un recuerdo estéticamente lindo, sin embargo, no acompañado de una dulce sensación.
C—En aquel frío lugar, yo fui a vacacionar con... ¡un bandido disfrazado de príncipe!
G—¿Mami, por qué hiciste eso?
C—Es que el bandido me había mentido, me hizo creer que era un príncipe y que me haría reina algún día.
G—Oh no....
La memoria le regresó como un camión a la mente; Tahiel, tan amable como solía ser cuando estaba con ella, prometió darle una sorpresa. Vaya que lo hizo cuando descubrió la infidelidad y no solo eso, pensaban él y su amante quitarle todo. El par de tortolos estaba intentando cambiar los documentos de su negocio a nombre de él, sin que ella se diera cuenta. Unas vacaciones singulares, ciertamente. También unas que jamás olvidaría gracias a que fue la primera vez en su vida que una pareja le levantaba la mano de esa forma. Cuando lo descubrió y lo confrontó, aquel hombre explotó. La llamó de todo, la tumbó al suelo, le dejó un ojo morado y el labio roto, sin contar los moretones por las patadas. Aún se le hacía la piel de gallina cuando recordaba aquella forma en la que le avisó con tal indiferencia que ella se lo buscó por serle un problema.
C—Recuerdo que aquel bandido quería encerrarme en una caja, muy muy oscura, y no dejarme salir. Jamás.
G—De verdad, ¿mami?
C—Si, mi tesoro. El bandido casi logra meterme a la caja, a órdenes de la bruja malvada, pero logré escapar...
El recuerdo de cómo consiguió estirarse lo suficiente para tomar el teléfono del hotel y usarlo para quitarse a aquel hombre de encima fue ciertamente una realidad dura de tragar. Salió de ahí, apenas viendo un par de metros frente a ella gracias a la oscuridad de esa fría noche y la soledad de las calles. Justo ahí se había encontrado a la mujer más hermosa y aterradora que jamás había visto. Por un error, Cintia chocó con alguien y al subir la mirada, ahí estaba Lara. Una alta, rubia, oji-azul, una modelo en toda regla, cargando algo en brazos. Ambas se vieron unos segundos, las dos procesando qué debían hacer, hasta que Tahiel hizo acto de presencia y Lara no tardó mucho en decifrar lo que pasaba. Esa noche desapareció aquel hombre y la amante fue arrestada por estafas. La mujer que la salvó en aquella ocasión se quedó a su lado durante el resto de su viaje y le aseguró que la buscaría, pero necesitaba tiempo.
El recuerdo la hizo reír antes de recordar seguir con aquella historia para la niña que esperaba ansiosa el desenlace de aquella historia.
C—Si... Tu mamá se dio cuenta del peligro en el que estaba, porque el malvado bandido y una cruel bruja querían maldecirme para que no pudiera tener nada, jamás.
G—¡Ah! -Gritó de miedo para cubrirse un momento bajo las sábanas a modo de protección. Aunque poco a poco fue destapándose- Y... ¿qué pasó, mami?
C—Tu mamá valientemente se enfrentó a la bruja y al bandido para salvarme. Me rescató y me dio el mayor regalo del mundo...
G—¿Qué cosa, mami?
C—A ti, tesoro.
Mientras esas palabras salían de su boca, el recuerdo de Lara apareciendo en su puerta, como le había prometido, ya meses después, y no solo ella. Sino aquella cosita que tenía en manos aquella noche. Esa bebé albina que un grupo de fanáticos estaba por sacrificar a alguna deidad. Fue cuestión de tiempo para que Cintia empezara a ser llamada "mamá" por esa bebé que cuidó con todo el amor materno que nunca pudo dar y Lara la llamara "amor" después de prometerse en el altar. No es la mejor historia, y aun así la mujer adulta no la cambiaría por nada.
En su realidad, la niña que alguna vez Lara rescató la sostenía de la mano con una inocente alegría que no cambiaría por nada en el mundo.
G—Te amo, mami -Dijo Giselle, apoyando su cabecita en el brazo de la amable mujer.-
C—Yo también te amo, corazón, yo también... -Cintia no podía evitar derretirse de amor y sentir su corazón latiendo de dulzura por aquella indefensa criatura que tanto la miraba con adoración- No olvides que tu mamá igual. Ahora a la cama. -Soltó a la infante-
G—Está bien... Buenas noches mami.
C—Descansa...
Cintia dio un suave beso sobre la frente de su hija antes de ponerse de pie y dirigirse a la mesa de noche al lado de la cama con diseño de conejitos. La luz de la suave lámpara de noche se extinguió a la par que los ojitos rojos de la pequeña Giselle se cerraban en la oscuridad de su habitación. Su bebé estaba ya dormida, rodeada de sus peluches, por lo que ella podía salir con cuidado y bajar las escaleras hasta llegar a la sala.
En el cómodo silencio de la noche, preparó un té de canela con dos cucharadas de azúcar. El reloj cortó su silencio como cuchillo sobre mantequilla, haciendo que se estremeciera. La hora se acercaba, dejó su té sobre la mesita de la sala y destrabó la ventana. Caminando a paso lento, ella volvió a tomar su taza y apenas pudo darle un sorbo.
La ventana se abrió y la sonrisa se fue extendiendo en el rostro de la castaña. La mujer oyó pasos acercarse hasta que el ruido prácticamente acariciaba la espalda. El silencio se hizo presente, aunque una presencia ajena también, para unos segundos después sentir sobre su mejilla el frío tacto de unos labios que apenas regresaban de la intemperie. Cintia volteó, viendo con la tenue luz de la luna llena la figura de otra mujer, una más alta, imponente, y cubierta de rastros de sangre. Ninguno de estos detalles acabó por asustarla. Todo lo contrario. Cintia dejó las sábanas sobre la cama, mientras su cuerpo se deslizaba fuera. Ella se acercó a aquella figura, la cual la seguía con sus ojos azules, fríos como hielo mismo, y la dulce Cintia encontraba tan encantadores.
—Bienvenida a casa, amor
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cycy shets
Fiksi PenggemarLa mayoría de capítulos no tienen que ver con otros, esto será dependiendo de lo que se me venga en gana. (Ojo que hablo de OCs) Olvidé decir que todo o la gran mayoría(si no son todos) van a ser sobre integrantes de "La Family"(un grupo de Amino)...
