𝐗𝐈𝐈

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𝐨𝐧𝐬𝐦𝐢𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞

















El comedor de la casa de Jude Bellingham estaba iluminado por la suave luz de varias lámparas y velas repartidas estratégicamente a lo largo de la mesa. La cena había sido cuidadosamente preparada, los platos servidos con precisión, y las copas de vino se mantenían llenas gracias a la atención de los anfitriones. En teoría, todo era perfecto.

Pero Lenna sentía el aire denso, cargado de algo que solo ella y Rodrygo parecían percibir.

Estaba sentada junto a Jude, su novio, el hombre con el que compartía momentos felices y planes a futuro. A su derecha, Olivia y Victoria reían con entusiasmo, disfrutando la velada con el resto del grupo. Del otro lado de la mesa, Rodrygo Goes permanecía aparentemente tranquilo, pero cada pequeño movimiento suyo era una distracción para ella.

Intentaba no mirarlo, no pensar en él, no recordar la noche que habían compartido en el pasado. Pero era inútil.

Las voces a su alrededor se mezclaban en un eco distante mientras su mente se dividía entre la conversación general y la tensión creciente que se instalaba en su pecho.

—¡A ver, a ver! —interrumpió Vinícius Jr. con su entusiasmo habitual—. ¿Quién cree que va a ganar el Balón de Oro este año?

—¿Otra vez con eso, hermano? —protestó Camavinga entre risas—. ¿No hemos hablado suficiente de fútbol en los entrenamientos?

—Nunca es suficiente —se burló Fede Valverde—. Además, es un debate importante.

—Yo digo que lo gana Jude —intervino Olivia, guiñándole un ojo al inglés—. Está en un nivel increíble, se lo merece.

—O yo —bromeó Mbappé, con una sonrisa confiada mientras tomaba un sorbo de su copa.

Las risas estallaron alrededor de la mesa, aunque algunos no pudieron evitar el tono competitivo en sus respuestas.

Lenna intentó concentrarse en la conversación, en las risas de Victoria y Olivia, en la manera en que Tchouaméni bromeaba con Rodrygo sobre su falta de entusiasmo en la charla. Pero en el fondo, una sensación incómoda la carcomía.

Rodrygo estaba demasiado callado.

—¿Rodry? —preguntó Tchouaméni, inclinándose ligeramente hacia él—. ¿Qué te pasa? No has dicho casi nada en toda la cena.

El brasileño levantó la mirada lentamente y forzó una sonrisa.

—Solo estoy disfrutando la comida —respondió con una calma ensayada, pero sus ojos delataban algo más.

Lenna tragó saliva. No debía reaccionar. No debía demostrar que le afectaba. Pero su corazón golpeaba contra su pecho como si estuviera atrapado en una jaula.

—No parece que estés disfrutando mucho —añadió Victoria, observándolo con curiosidad.

Rodrygo tomó su copa de vino y la giró lentamente entre sus dedos antes de murmurar:

—Estoy bien.

Su tono fue firme, casi cortante.

Lenna sintió una punzada de ansiedad. Olivia la miró desde el otro lado de la mesa, con una ceja arqueada en señal de advertencia.

Jude, sin notar la incomodidad en el aire, pasó un brazo alrededor de los hombros de Lenna y la acercó suavemente a él.

—Rodrygo está cansado —comentó con una risa ligera—. Ayer en el entrenamiento no dejaba de quejarse de que Ancelotti lo estaba matando con los ejercicios tácticos.

𝐄𝐧𝐚𝐦𝐨𝐫𝐚𝟐 || 𝐑𝐨𝐝𝐫𝐲𝐠𝐨 𝓍 𝐁𝐞𝐥𝐥𝐢𝐧𝐠𝐡𝐚𝐦Donde viven las historias. Descúbrelo ahora