𝐋𝐞𝐧𝐧𝐚
La puerta se cerró detrás de Jude con un golpe sordo que sonó más
fuerte que cualquier grito.
Rodrygo seguía parado frente a mí, con esa mirada como si el mundo girara alrededor de sus emociones.
—No puedes decirle eso a alguien que ya está con otra persona —le solté, temblando de rabia—. No puedes venir a joderme la vida cada vez que te da la gana.
Él se encogió de hombros, como si lo que acababa de pasar no fuera tan grave.
—¿Y por qué no? —dijo, con esa arrogancia que siempre le brotaba cuando no sabía cómo gestionar sus sentimientos—. Si tú no sintieras nada, esto no estaría pasando.
—Estás con Sophia —le recordé—. ¡Estás con ella, Rodrygo!
—¿Y tú con Jude? —me lanzó, dando un paso más cerca—. ¿Y aún así me miras como si quisieras besarme?
—¡Eso no es verdad!
—Lo es. Solo que no quieres admitirlo.
Me sentí ahogada. Como si estuviera atrapada en una habitación sin aire. Quise empujarlo, gritarle, correr. Pero no hice nada.
Porque, en el fondo, odiaba que tuviera razón.
Odiaba que parte de mí aún lo extrañara.
—Tú me dejaste —le dije, con voz rota—. Fuiste tú quien se largó. ¿Por qué ahora actúas como si fueras la víctima?
Rodrygo frunció el ceño, herido en su orgullo.
—¿Tú crees que fue fácil para mí? —soltó—. ¿Tú crees que me fui porque quería? Me fui porque tú no supiste elegir.
—Y ahora lo hice —contesté, con fuerza—. Elegí a Jude. Estoy con él. Y tú estás con Sophia. Así que deja de buscarme cada vez que las cosas no te salen como quieres.
Rodrygo dio una pequeña risa irónica.
—Sophia no es tú, Lenna. Nadie lo es.
—Y tú no eres quien era antes. Te volviste egoísta. Orgulloso. Como si todos tuviéramos que girar en torno a ti.
Sus ojos se encendieron de rabia, pero no dijo nada. Solo se quedó ahí, mirándome, como si estuviera a punto de decir algo importante... pero se lo tragó.
—Vete —le dije de nuevo, esta vez con firmeza—. Esta vez en serio.
Y, sorprendentemente, lo hizo.
Me dejó sola, otra vez, con el alma hecha pedazos.
Salí de la casa unos minutos después, buscando aire, buscando paz... buscando a Jude.
Lo encontré sentado en el auto, con la cabeza apoyada contra el volante. No lloraba. No hablaba. Solo estaba ahí, quieto. Roto.
Me acerqué despacio, con miedo. Toqué la ventana y él levantó la cabeza.
Su mirada me dolió más que cualquier palabra.
—¿Fue solo un juego? —preguntó, con la voz baja, quebrada—. ¿O todavía lo amas?
Sentí el mundo caerme encima.
No supe qué responder.
Porque cuando el pasado no muere, el presente se tambalea.
Y yo... yo estaba justo en medio de todo.
𝐎𝐦𝐧𝐢𝐬𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞
ESTÁS LEYENDO
𝐄𝐧𝐚𝐦𝐨𝐫𝐚𝟐 || 𝐑𝐨𝐝𝐫𝐲𝐠𝐨 𝓍 𝐁𝐞𝐥𝐥𝐢𝐧𝐠𝐡𝐚𝐦
Hayran Kurgu𝐓𝐫𝐞𝐬, 𝟑 𝐣𝐨𝐯𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞𝐧 𝐮𝐧𝐚 𝐮́𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐩𝐚𝐬𝐢𝐨́𝐧. ✨ 𝐄𝐥 𝐅𝐔𝐓𝐁𝐎𝐋 ✨ ¿𝐐𝐮𝐞́ 𝐩𝐚𝐬𝐚𝐫𝐚́ 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐭𝐫𝐞𝐬? 𝐒𝐢 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐬𝐚𝐛𝐞𝐫𝐥𝐨, 𝐥𝐞𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚 🫶🏽
