Final

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Jisoo miraba a su alrededor con concentración, su armadura impecable y su espada colgando a un lado de su cadera. El sol iluminaba el patio del palacio con su cálido resplandor, proyectando sombras suaves sobre las piedras pulidas del suelo.

Se asomó por la cocina, observando con atención. Todo parecía en calma, el aroma de pan recién horneado llenaba el aire, y la cocinera seguía en su tarea, ajena a la pequeña figura escondida tras la estructura de madera. Justo cuando Jisoo pensaba retirarse, unas diminutas manitas se extendieron sigilosamente y, con la destreza de una auténtica ladronzuela, tomaron una galleta sin ser descubiertas.

Jisoo sonrió de lado y, con movimientos rápidos y calculados, se ocultó en la entrada. En cuanto la pequeña rubia salió corriendo con su premio, Jisoo reaccionó con la velocidad de una guerrera y la atrapó por la cintura, elevándola en el aire.

-¡Te tengo, pequeña ladronzuela! -exclamó Jisoo, girando sobre sí misma mientras levantaba a la niña, haciéndola reír y gritar de alegría.

-¡No, mami, no! -reía la pequeña, pataleando en el aire mientras su galleta temblaba en sus manos.

Jisoo la sostuvo con firmeza, pero con suavidad, y comenzó a hacerle cosquillas.

-¿Quién es mi princesita? -preguntó con voz juguetona, mientras la pequeña intentaba escapar de las cosquillas sin éxito.

-¡Yo, yo! -gritó la niña entre carcajadas.

Jisoo se detuvo justo antes de que la falta de aire acabara con la risa de su hija y la sostuvo en sus brazos, mirándola con ternura.

-¿Y la mía no? -preguntó una voz dulce detrás de ellas.

Jisoo se giró con la niña aún en brazos y encontró la mirada de Rosé, quien las observaba con una sonrisa suave y cálida.

-¡No! -protestó la pequeña, cruzándose de brazos con dramatismo. -¡Yo soy tu guardia! -exigió con determinación.

Jisoo y Rosé intercambiaron una mirada divertida antes de que Rosé se arrodillara frente a su hija y tomara sus manitas con ternura.

-¿Y por qué no puedes ser mi princesa? -preguntó Rosé con un leve puchero.

La niña infló sus mejillas y frunció el ceño como si aquella pregunta fuera la más obvia del mundo.

-Porque mami dice que los guardias protegen a las princesas y a las reinas. Así que yo quiero ser tu guardia. -declaró con convicción, alzando su mentón en gesto valiente.

Rosé no pudo evitar soltar una suave risa y acarició la mejilla de la niña.

-Bien, cariño. -Besó su frente con cariño. -Eres mi guardia.

-¡Siiiiii! -gritó la niña con emoción, alzando sus bracitos al cielo.

Jisoo sonrió y la abrazó con fuerza antes de soltarla. La niña salió corriendo con su pequeña espada de madera, dispuesta a patrullar los pasillos del palacio con la misma fiereza con la que su madre lo hacía.

Rosé se acercó a Jisoo y la tomó de la mano, entrelazando sus dedos con los de ella.

-Eres una gran madre. -susurró con amor. -Ahyeon es afortunada.

Jisoo la miró con dulzura y besó el dorso de su mano.

-Y tú eres una reina maravillosa. Nuestra hija es afortunada porque nos tiene a las dos.

Ambas se quedaron ahí, mirando cómo su pequeña correteaba con energía por el palacio, protegiendo con fervor a su amada familia.

Mientras tanto, Ahyeon, con su espada de madera en mano, corría por el patio de entrenamiento del palacio. Su expresión mostraba determinación, su misión era clara: ser la mejor guardiana de su madre Rosé.

Princesa y Guardia [Chaesoo]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora