El amanecer apenas comenzaba a teñir el cielo con suaves tonos dorados cuando Tomoe abrió los ojos. Como siempre, era el primero en levantarse, acostumbrado a la rutina matutina. Pero esta vez, tenía un propósito especial en su mente.
Miró a Marinette, quien aún dormía profundamente entre sus brazos, con una expresión serena que lo hizo sonreír. Con cuidado, se deslizó fuera de la cama, asegurándose de no despertarla.
Dirigiéndose a la cocina, Tomoe se puso manos a la obra. Su objetivo era preparar un desayuno especial para sus dos amores: Marinette y su hijo aún en camino. Mientras cortaba frutas y encendía el fuego, se permitió un momento de calma, dejando que el sonido del santuario dormido llenara el espacio.
Esa paz no duró mucho.
Desde la entrada, una voz burlona rompió la tranquilidad.
Mizuki: —con tono divertido— Mírate, zorro. Tan dedicado y entregado. ¿Quién iba a pensar que tenías este lado tan... hogareño?
Tomoe ni siquiera levantó la vista, su tono seco como siempre.
Tomoe: ¿Qué quieres, serpiente? Si no estás aquí para ayudar, al menos no estorbes.
Mizuki soltó una breve risa y se acercó a la mesa, sin pedir permiso, tomando una manzana de la bandeja que Tomoe había preparado.
Mizuki: Nada, nada. Solo vine a apreciar el espectáculo. ¿Sabes? Espero que la paternidad te suavice un poco. Sería una lástima que tu hijo creciera aterrorizado por tu cara amargada y ese carácter gruñón que te cargas.
Tomoe dejó el cuchillo sobre la tabla, cerrando los ojos un instante como si estuviera invocando paciencia del universo. Luego, levantó la mirada y le lanzó a Mizuki una expresión que mezclaba cansancio y amenaza contenida.
Tomoe: Te sorprendería lo que puedo hacer por aquellos que amo. Algo que dudo que entiendas, considerando que pasas tu tiempo provocando en lugar de hacer algo útil.
Mizuki mordió la manzana con exageración, como si disfrutara cada segundo de la conversación.
Mizuki: Ah, pero si yo no estuviera aquí, ¿quién te recordaría que no debes tomarte todo tan en serio? Relájate, zorro. La vida es más entretenida con un poco de diversión.
Tomoe suspiró profundamente, sacudiendo la cabeza mientras volvía a concentrarse en la comida.
Tomoe: Un día, serpiente rastrera. Un día...
Mizuki se quedó observándolo, su sonrisa burlona creciendo con cada segundo. No podía resistirse. Tenía que lanzar otro comentario.
Mizuki: ¿Sabes, zorro? Con lo gruñón que eres, espero que tu hijo no herede tu cara de pocos amigos. Sería un desastre para el pobre bebé.
Tomoe se detuvo en seco, cerrando los ojos como si realmente estuviera buscando paciencia en lo más profundo de su ser. Pero cuando Mizuki soltó una carcajada, Tomoe simplemente perdió el control.
Tomoe: ¡ YA CÁLLATE, SERPIENTE!
Su voz retumbó en la cocina, un rugido de pura frustración que probablemente hizo temblar hasta las piedras del santuario. Mizuki no se inmutó en absoluto. De hecho, su sonrisa se amplió aún más.
Mizuki: —riendo— Eh, eh, cálmate, zorro. No grites tanto o despertarás a todos. Incluyendo a tu bebé... y eso que aún no nace.
Tomoe abrió los ojos con una mirada feroz.
Tomoe: ...
Luego, sin siquiera pensarlo, empezó a lanzarle cosas. Primero, un cuchillo, que Mizuki esquivó con facilidad. Luego, una manzana, que Mizuki atrapó en el aire con elegancia y se la comió de inmediato. Después, un cucharón, que pasó rozándole la oreja.
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Mi Guardian
FanfictionMarinette decide dejar a Adrien de una vez por todas, sabe que jamas podria estar con èl y decide mejor seguir adenlante. Un dìa los padres se van de viaje por negocios ella se queda para cuidar la panaderia, Marinette descubre en el atico de la ca...
