Dylan fue el primero en saltar. Comenzó sacando el pie izquierdo y su pie derecho cargó con todo el peso de su masa corporal; Después de retirarlo, no había nada que sujetase su cuerpo a ningún tipo de superficie.
La oscuridad de la noche se lo tragaba mientras pedazos de cielo caían a su lado como meteoritos sobre la Tierra. Los misteriosos cuadrados azules seguían abrazándolo en su eterna caída.
El chico pudo deducir que sus fieles amigos habían saltado del aereoauto al escuchar los gritos de impresión de Kyla al dejarse caer al vacío, al igual que adivinó con exactitud que Ty estaba volando entre la locura cuando oyó a la distancia su extravagante risa contagiosa.
La chica llegó al lado de Dylan tras unos minutos de caída en picado y comenzó a gritar con todas sus fuerzas, tratando de hacerse oír por encima de singular sonido de la velocidad:
-¡Creo que son píxeles!
Dylan solo vió cómo las comisuras de los labios de Kyla se movían apresuradamente formando palabras inaudibles. Lo único que Dylan podía oír era el pitido de sus oídos, algo que, a pesar de habérselo imaginado, no llegaba ni a la mitad de doloroso y ensordecedor que era en realidad. Sus últimos minutos de vida, los que se suponían que debían de ser silenciosos, pacíficos y pensativos, se habían vuelto del revés para dejar unos terribles minutos estrepitosos, preocupantes y desgarradores.
-¡¿QUÉ HAS DICHO?!-se desgañitó.
Kyla, quien ya daba por hecho su penosa muerte suicida, intentaba gritar lo suficientemente alto para que su inseparable compañero la oyera. A pesar de sus esfuerzos, no podía culpar a Dylan por no advertir cómo vociferaba y enronquecía, pero no se dio por vencida.
-¡¡LOS CUADRADOS QUE NOS RODEAN SON PÍXELES!!
Dylan procesó lentamente aquellas palabras, con el pequeño inconveniente de que carecían de tiempo. Miró de nuevo a su alrededor, haciendo caso omiso del enfermizo cosquilleo que sentía en las entrañas. "Tranquilo, Dylan. Simplemente has engullido una mariposa al descender por la madriguera del conejo de Alicia en el País de las Maravillas. Exacto. Una amistosa y bella mariposa".
Al fijar la vista en los cuadrados que Kyla denominaba como píxeles, cayó en cuenta de que su amiga había hecho un impresionante hallazgo en sus concluyentes segundos de vida.
Ty caía confiado por entre los intimidantes pedazos de cielo. Procuraba mantener el optimismo y la ilusión en todo momento, pero, incluso para él, era prácticamente imposible. Vislumbraba a sus queridos compañeros por el montón de locuras que se cernían ante su vista: Kyla y Dylan mantenían una pequeña distancia de seguridad entre ellos; su buen amigo conservaba en todo instante una posición de paracaidista profesional, mientras que su torpe amiga no duraba en la misma posición más de dos pésimos segundos.
-¡¡GRACIAS POR TODO CHICOS!!¡¡HA SIDO UN PLACER CONOCEROS!!-se desgañitó Ty.
Kyla veía de reojo a Dylan descender. El mundo a su alrededor era un caos a cámara lenta: desafiantes fragmentos del cosmos pasaban rozándola mientras los píxeles gigantes la engullían como si fuese una parte más de la locura.
Aunque no había salvatoria alguna posible, Kyla guardaba en lo más profundo de su ser la creencia de que podrían salir de ahí, ese pequeño aunque contagioso pensamiento hacía peligrar la lógica de su mente, ya que el razonamiento la empujaba a pensar en la muerte, pero no le importaba en absoluto, ya que lo que necesitaba en ese momento era alguien que la abrazara y consolara, y lo más parecido que tenía, era la ilusión que la estrechaba cálidamente a lo largo de la trepidante caída al pavimento modernizado. "La esperanza es lo último que se pierde", recordó con lástima.
Y, como si los adolescentes estuviesen soñando despiertos, donde debía encontrarse el frío y mortal asfalto, se abría un abismo de montones y montones de píxeles azules apiñados entre sí.
Los tres jóvenes cayeron, fascinados ante el grandioso milagro.
Dylan cerró los ojos al ver que se abalanzaba sobre los píxeles, pero no hubo impacto alguno. Nada de dolor. El chico se recordó a sí mismo que debía de respirar, pero cuando fue a inspirar, sus pulmones no se llenaron de oxígeno. Dylan comenzó a patalear durante la abismal caída mientras luchaba en una batalla perdida por conseguir un poco de aire.
Los pulmones le ardían. Notaba cómo sus bronquios buscaban desesperadamente algo de oxígeno entre el disparate.
Morir por ahogamiento no era bonito, y mucho menos indoloro, aunque, por lo que había oído, si sorprendentemente rápido y frustrante. Dylan tenía miedo. Mucho miedo. No quería morir. No podía morir.
No era justo que le privaran de oxígeno.
No era normal que píxeles gigantescos flotasen con él en una caída infinita.
No había excusas posibles. El mundo se había vuelto loco y los científicos profesionales no habían conseguido prevenirlo.
"Dolor". Ese era el único pensamiento de Kyla. ¿Moriría así? ¿Sin entender cómo el oxígeno había desaparecido de la tierra?
Ty también luchaba por su vida, hasta que abrió los ojos y observó sus manos: Los dedos se le estaban transformando en píxeles.
Para cuando procesó lo que estaba ocurriendo la extraña epidemia digital le llegaba a la mejilla y... todo su ser se transformó cuadrados azulados.
Kyla sentía un desagradable cosquilleo en la parte superior a la rodilla. A pesar de los nervios de la asfixia, miró disimuladamente, sin ser capaz de mover la cabeza. Al de tres sobrecogedores minutos, la muchacha se vio envuelta por píxeles azules, y desapareció.
Dylan observó a su querida amiga transfigurarse en algo indefinido hasta camuflarse con los cuadrados azules. Hasta desaparecer de su lado sin poder evitarlo siquiera.
La calma y la tranquilidad llegó al joven repentinamente. Perdía la consciencia poco a poco. Se percató de que estaba sufriendo exactamente lo mismo que Kyla y Ty, pero no forcejeó, no luchó, no combatió contra los píxeles... porque no había nada a lo que enfrentarse y triunfar, aparte del miedo y la segura muerte.
"Solo son mariposas...no temas..."
Dylan cayó inconsciente y soñó con médicos.
El aliento de los doctores no le llegaba a la cara a pesar de estar sobre su cabeza. Llevaban unas máscaras blancas junto con uniformes albinos. Uno de ellos sostenía en su mano un dispositivo transparente que contenía múltiples circuitos azulinos. Los circuitos eléctricos se situaban ordenadamente entre las dos capas de cristales transparentes.
-Este es el último- susurró el médico que sostenía su dispositivo-. Cuando le insertemos el Simulador de Realidad, habremos acabado de conectarlos a todos ellos en el videojuego Redconexión.
Dylan se hacía preguntas en la confortable aunque aterradora camilla de hospital.
"¿Quiénes son estos tipos?"
"¿Qué me están haciendo?"
"¿A qué se refieren con conectarme?"
Cuando los médicos introdujeron el SR (Simulador de Realidad) en su clavícula izquierda, Dylan notó una sacudida en el cuerpo. Una escalofriante sensación de inocencia y calma inesperada se apoderó de su mente y de su cuerpo.
"¿Quién soy?"
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Desconectados
Science FictionEn un mundo en el que la tecnología es imprescindible y la electricidad corre por sus venas, Dylan, Kyla y Ty viven en la Red, al igual que los demás. Divertirse sin límites, de eso trata el programa. 365 días de diversión ilimitada. Todo sigue con...
