Cap 4: Reseteo de recuerdos

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Dylan notaba un imperioso cosquilleo en el antebrazo derecho. Eso provocó que la consciencia volviese lentamente a su joven organismo.

Abrió los ojos poco a poco, intentando deshacerse desesperadamente del palpitante dolor que presionaba su cabeza.

Detrás del telón de pestañas que crecía en sus párpados podía observar una inmensa sala blanca. Una sala, cuyo color cegaba a la vista, un blanco extremadamente limpio y monótono. "¿Estaré en un hospital?" se preguntó, extrañado ante la escena que estaba presenciando.

Fue entonces cuando recordó el singular sueño que había surgido en su mente mientras participaba en el juego de la inconsciencia.

Los médicos...

La extraña conversación entre ellos...

Redconexión...

El dispositivo insertado...

El último pensamiento lo golpeó en la cara como un cubo de agua fría. Desde su infancia recordaba haber tenido una pequeña y regular cicatriz en la clavícula izquierda, la cual la había producido un veloz accidente de aereoauto, según sus padres. Cuando la tragedia ocurrió él era muy pequeño y, aunque recordaba la reunión familiar en la que sus fríos padres contaron lo acontecido, no conseguía recapitular lo que supuestamente debería de haber sido un dolor memorable.

Miró la clavícula en la cual estaba la cicatriz. Daba la sensación de que sobre su piel habían pegado un estrecho y pequeño vinilo pálido que formaba una línea recta por debajo del hueso. Cuando se desvestía en su habitación, nunca prestaba atención a la enana cicatriz. Siempre había estado ahí. No era nada importante. Algo de lo que el muchacho nunca se había preocupado excesivamente.

Dylan permaneció observando la pared blanca de la habitación mientras daba vueltas a sus pensamientos. El sueño que tuvo..., algo le decía que no era simple y común. Enormes cambios se producían en su mente a una velocidad sobrehumana y, al igual que una fina capa de hielo le hubiera cegado desde su infancia y los rayos de sol incidieran sobre ella hasta derretirla, la verdad caminó hacia su ingenua mente: Hacía ya tres años que sus padres fueron a un viaje por cuestiones de trabajo. Dylan se había quedado en casa con su fiel hermano mayor, Ted, quien trabajaba durante el día y volvía al hogar solo y únicamente por la rebelde madrugada. Prácticamente no se veían.

Por otro lado, lo poco que Dylan conservaba de sus padres en el pensamiento era complejamente... extraño; los recuerdos de sus progenitores eran al igual que una película: es posible verla pero no se puede tocar. La mayoría de los recuerdos se caracterizan por las sensaciones que se acumulan en el cuerpo al vivirlos, pero Dylan no recordaba el olor del perfume de su madre a pesar de las miles de veces que la recordaba rociándose su elegante y estilizado cuello con él. Tampoco recordaba el tacto de la mejilla de su padre, por la cual siempre sobresalían unos milímetros de áspero pelo. Él le explicaba que adoraba pensar que en su barbilla crecía un minúsculo campo de tulipanes a lo que la gente llamaba barba. Pero había profundidad en la imagen, no existía ningún tipo de conexión entre él y la imagen; al igual que si en sus recuerdos estuviera tras un cristal transparente, separado del universo que lo rodeaba y trataba de conectar con él.

Entonces todo cobró sentido.

Su vida era una mentira.

¿Quiénes eran sus padres, si no habían sido parte de su vida realmente?

¿Por qué no se lo había planteado anteriormente, si era tan simple como recordar y atar cabos sueltos?

¿Quién era él realmente?

Tantas cuestiones sin respuesta le llevaron a preguntarse lo siguiente en voz alta:

-¿Dónde estoy?

DesconectadosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora