extra 04

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omnisciente
☆ ☆ ☆
enero 2026

El avión aterrizó en Londres un martes por la mañana, cuando la ciudad apenas comenzaba a despertarse. Martina cargaba con el cansancio acumulado del viaje, pero al menos estaban de vuelta en casa. Después de agarrar las valijas y asegurarse de que no olvidaban nada, salió al frío típico de la ciudad, buscando el auto que había quedado estacionado allí.

Benjamin ya estaba completamente dormido en sus brazos, su cabeza apoyada en su hombro con el chupete apenas sostenido entre los labios. Olivia caminaba a su lado, arrastrando los pies y frotándose los ojos. Martina abrió la puerta del auto con cuidado y, después de acomodar a Benja en su sillita y asegurarse de que estuviera bien abrigado, ayudó a Olivia a subir al asiento trasero.

Mientras el vehículo comenzaba a avanzar por las calles londinenses, Martina notó que Olivia empezaba a dejarse vencer por el sueño.

-Oli, no te duermas todavía, por favor -le pidió en un susurro-. Cuando lleguemos a casa podés dormir todo lo que quieras, pero ahora no porque no te puedo bajar a upa... estás grande ya.

Olivia parpadeó con esfuerzo, tratando de mantener los ojos abiertos.

-Prometo no dormirme -murmuró, enderezándose en el asiento.

Martina sonrió con ternura, estirándose para acariciarle la mejilla en un semáforo.

El camino fue tranquilo, con la ciudad aún despertando a su alrededor. Al llegar a la casa, Martina se tomó un segundo para respirar profundamente antes de salir del auto. Primero desabrochó el cinturón de Olivia y la ayudó a bajar, asegurándose de que no se tambaleara demasiado. Luego fue por Benja, que seguía profundamente dormido, y lo acomodó en su brazo con todo el cuidado del mundo.

Cruzaron el umbral juntos, y el silencio de la casa les dio la bienvenida. Martina guió a Olivia por el pasillo hasta su habitación. La niña caminaba adormilada, todavía luchando por no quedarse dormida de pie.

-Ya llegamos, Oli -dijo Martina con suavidad-. Ahora sí podés dormir.

Olivia asintió con una sonrisa cansada y se subió a la cama, acomodándose junto a su hermano. Martina colocó a Benjamín a su lado con delicadeza, asegurándose de que ambos estuvieran cómodos. Les sacó los abrigos y los cubrió con la manta.

Observándolos dormir, sintió cómo el cansancio también empezaba a pesarle en los hombros, pero aún había cosas que hacer. Salió de la habitación en puntas de pie y bajó nuevamente al auto para buscar las valijas. Las arrastró con cuidado, intentando no hacer demasiado ruido al entrar.

Cuando todo estuvo en su lugar, Martina miró la hora en el reloj de la cocina: apenas las nueve de la mañana. Soltó un suspiro al darse cuenta de que el día recién empezaba. Se dirigió al baño y se dio una ducha caliente que alivió el cansancio del viaje y el frío de la mañana.

Al salir, con el cabello aún húmedo y con el pijama, se preparó el mate y algo para desayunar. Se sentó en la cama mientras miraba la televisión.

El reloj marcaba las once cuando Martina escuchó el ruido de la puerta principal. Obviamente era Enzo, ese andar inconfundible y el sonido de las llaves en la mano. Apenas cruzó el umbral, él la encontró sentada en la cama, con el termo en la mano.

-Hola -dijo él con una sonrisa cansada, acercándose para darle un beso en la frente.

Martina respondió al gesto con una pequeña sonrisa. Ellos ni siquiera habian hablado como pareja, así que él no sabía muy bien que hacer, si quedarse o no. Aunque obviamente queria estar pegada a ella.

iconic ; enzo fernandezHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora