omnisciente
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enero 2026
El sol estaba en el punto más alto en Arabia Saudita y gracias a él, Olivia con cinco años estaba blanca del protector solar que le había puesto Martina y Benjamin igual, lleno de areno en todo su pequeño cuerpo de un año y tres meses.
-¡Mira, tía! -gritó Olivia emocionada, llamando a Madison mientras miraba su castillo son emoción.
Ese día era la final entre Barcelona y el Real Madrid, así que obviamente ellas dos iban a estar ahí, presentes como siempre. El resto del grupo estaba citado ese día para jugar y solo Marc quedaba libre, que en ese momento jugaba en el Chelsea... si, con Enzo y sorprendentemente se llevaban bien a pesar del pasado. Así que habían viajado los tres juntos más Benjamin y Olivia. Enzo ni siquiera había parecido y Martina tampoco quería verlo.
-¡Madison! -volvió a gritar Olivia.
Madison sonrió, caminando hasta la niña y agachándose junto a ella para mirar su castillo. Marc, en cambio, permanecía sentado cerca de Martina, con las piernas estiradas sobre la arena y los ojos ocultos tras sus gafas de sol.
-Esto me hace acordar a Qatar -comentó él de repente, con un tono más nostálgico de lo que pretendía.
Martina, que tenía la vista fija en Benjamin, alzó una ceja y giró la cabeza hacia él.
-¿Por qué?
Marc se encogió de hombros.
-En Qatar estábamos igual... pero ahora tenés dos hijos.
Martina soltó una leve risa. Si, eran dos sus hijos.
-Bueno, la que tocó... o sea, lo que yo elegí.
Marc la observó en silencio. Sabía que Olivia no era su hija biológica, pero también sabía lo mucho que la quería, cómo la trataba como suya desde que estaba con Enzo. Él recordaba a otra Martina, una más libre, sin ni una responsabilidad y con su mente solo en salir de fiesta. Pero al verla ahora, con Benjamin y Olivia no podía negar que esta versión de ella tenía algo especial aunque no era una versión hecha para él.
-¿Y vos? -preguntó Martina, sin mirarlo-. ¿Estás bien?
Marc tardó en responder. Si, ellos vivían en Inglaterra, se veían muy seguido y tenían el mismo grupo de amigos pero nunca habían vuelto a hablar de ellos mismos.
-Si... igual, a veces, pienso qué habría pasado si las cosas hubieran sido distintas entre nosotros.
Martina no respondió de inmediato. Sus ojos se quedaron clavados en el mar, como si las olas le fueran a dar una respuesta. Luego, con una sonrisa suave, simplemente dijo:
-Creo que no íbamos a funcionar de ninguna manera.
Él asintió, aunque algo en su mirada indicaba que no estaba del todo convencido.
En ese instante, Olivia corrió hasta Martina y tiró de su mano.
-Mami, mira mi castillo.
Martina sintió una calidez en el pecho al escuchar esa palabra. No era la primera vez que Olivia la llamaba así, pero cada vez le hacía sentir que todo valía la pena.
Se levantó dejando atrás a Marc, quien la observó marcharse con una mezcla resignación y nostalgia.
Mientras Martina estaba de cuclillas frente a Olivia mirando su castillo, Benjamin se paraba en las reposeras, con sus piernitas que todavía no se animaban a dar primeros pasos, explorando el mundo a su propio ritmo. Madison lo seguía de cerca, asegurándose de que no se alejara demasiado y no se lastimara.
