Es la una de la madrugada
y aqui me encuentro yo,
tumbada en la cama, llorando sin cesar,
maldiciendo la apariencia que dios me ha tenido que otorgar.
Leves lagrimas caen de mis ojos,
tan solo por pensar,
en como me veo y como me ven los demas.
Intento aparentar que no me afecta mi propio criticar, pero a decir verdad,
se me rompe el corazón,
al oir la desaprobación,
de mi mente sin compasión.
Es la una de la madrugada y tan solo quiero no salir mas.
Deseo encerrarme en esta oscuridad que ahoga con mi malestar,
dormir con tal de olvidar como soy en realidad,
dormir para no sentir,
este auto desprecio que me ha de consumir.
Es la una de la madrugada y estoy llorando,
anhelando que algun dia ya no me odie tanto como ahora lo hago.
Es la una de la madrugada y me siento tan inútil al verme mal.
Tan vulnerable ante mi misma,
ante mis pensamientos sobre mi,
tan indefensa ante el mal que yo misma provoco a mi ser,
pues soy mi propio odio y no quiero que nadie lo pueda ver.
