El recuerdo del ayer,
fugazmente recorre el mar del anhelar,
surcando olas, besos de tu antiguo estar,
que persisten chocando contra las rocas de mi marchitar.
Pienso en las falsas caricias que entregabas a mi piel.
Roces acabados,
enredos de palabras en mi garganta atorados,
pero aún así, amaba el tenerte a mi lado.
Ahora no poseo nada,
mas, despechada mi alma está por tu desinterés,
pues emprendiste camino, silencioso, huyendo de mi sentir,
negando el algún día haber prometido juntos siempre existir.
Ahora subsisto con la melancolía del recordar,
teniendo que idealizar un amor frágil,
que siempre supe que no es verdad.
