La luna llena, una moneda de plata gigante en el cielo de Nueva Jersey, parecía hipnotizar especialmente a Enid Sinclair esa noche. Tan hipnotizada estaba, que había escalado hasta el puntiagudo techo de la mansión victoriana vecina, adoptando la forma de un lobo gigante de pelaje multicolor que lanzaba aullidos desafiantes a su plateada musa.
—¡Enid Sinclair! ¡Baja de ese tejado antes de que llamen a los bomberos... o a los controladores de plagas! — La voz de Wednesday Addams, fría y cortante como el filo de una daga, atravesó la noche desde el jardín de los Addams. Estaba plantada en medio del césped descuidado, con los brazos cruzados sobre su habitual vestido negro, una figura de impaciencia gótica. — Es la quinta vez esta semana. ¿Es que te gusta que te fotografíen los vecinos en pelaje... y en todas partes? ¡Abuela, respáldame en esto! — Reclamó hacia la oscuridad de la casa, aunque sabía que Goody probablemente encontraba la escena "deliciosamente salvaje".
La loba de colores brillantes se quedó petrificada en la cima del tejado. Sus orejas se agacharon ligeramente. Luego, con un gruñido que pretendía ser amenazador pero sonaba más a perro regañón, saltó. Cayó como un meteorito peludo frente a Wednesday, levantando una nube de polvo y hojas secas. Le enseñó sus impresionantes colmillos, gruñendo de nuevo, una actitud que chocaba cómicamente con sus mechones rosa y azul.
Wednesday no parpadeó. Ni siquiera se estremeció. Levantó una ceja con desdén infinito y posó una mano en su cadera. — ¿De verdad, Sinclair?
—¡Grrrrr! ¡AUUUUUUUUU! — El aullido de protesta se convirtió en un chillido agudo cuando un periódico perfectamente enrollado (el "New Jersey Gazette", edición vespertina) impactó con puntería mortífera justo entre sus ojos. La loba retrocedió, gimiendo, con grandes lágrimas caninas asomando en sus enormes ojos dorados.
— Exactamente lo que pensé. — Wednesday giró sobre sus talones y comenzó a caminar hacia la puerta principal con paso decidido. —Si no te comportas te dejare en el jardín está noche — Detrás de ella, una cacofonía de crujidos y chasquidos óseos llenó el aire, como si alguien estuviera desmontando un mueble de IKEA a toda prisa. Los gruñidos se transformaron en quejidos humanos. En cuestión de segundos, en lugar del lobo, una Enid completamente humana, desnuda y cubierta de tierra, trotaba detrás de Wednesday, frotándose la frente.
—¡No puedo evitarlo, Wends! — protestó Enid, su voz aún un poco ronca por el aullido. — ¡Son mis instintos lupinos! La luna me llama y... ¡Ay! ¡Mis pies están llenos de pinaza!
— Enid, por todos los espíritus atormentados, cúbrete. — Wednesday no se volvió, pero alargó un brazo hacia una mesita junto a la puerta donde descansaba, doblado con precisión militar, un camisón de franela negro con pequeños murciélagos bordados. Lo lanzó hacia atrás sin mirar. Cayó como una bandera de rendición sobre la cabeza de Enid. — Me niego rotundamente a compartir tu cuerpo que es solo mio con los ojos pervertidos de la asociación de vecinos. Además, sus quejas son más estridentes que tus aullidos. El señor Henderson sugirió ayer, con total seriedad, que debería pasearte con correa.
Enid se sacó el camisón de la cabeza y se lo puso con un mohín, ajustando las mangas demasiado largas. — ¡Lo de la correa lo acepto... en la cama! — declaró con una sonrisa pícara. — En la calle, ni hablar. ¡Soy un ser libre y salvaje!
Wednesday finalmente se detuvo en el umbral y se volvió lentamente. Su mirada oscura perforó a Enid. — Hablando de ideas salvajes... — Suspiró, un sonido raro como el viento en una cripta. — ¿Podrías hacer el esfuerzo titánico de ignorar a Goody? Por favor. Cada vez que se pone a charlar contigo... — Hizo un leve gesto hacia la cabeza de Enid. — ... te llena ese cráneo de lobo con ideas aún más extrañas de lo habitual. Y eso, cara mía, es decir mucho. Literalmente.
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Devuélvemela.
Mystery / ThrillerUna noticia sofocante llegó un día cuando menos lo esperaban, como menos lo esperaban y de quien menos lo esperaban. Enid quien representaba la alegría de la academia de nunca más había sufrido una violacion, nadie entendía el porqué, nadie quería e...
